«True Feminazi» El feminismo de las bellas / Fuente fotográfica: latfem.org / Aula Libre ORBIS-MLBA ©


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«Muchas cosas nos ha dicho Zarathustra también a nosotras las mujeres, pero nunca nos ha hablado sobre la mujer».[1]

Nietzsche

Introducción

Antes de presenciar el diálogo entre Ariadna, representante del feminismo hegemónico, y Sia V, la actual líder de True Feminazi, contaremos brevemente la trágica historia de Sia I, fundadora de lo que hoy llamamos: “Feminismo de las bellas”.

Este movimiento provocó tanto la indignación de los filósofos nietzscheanos ―quienes despreciaban los valores de igualdad[2] del feminismo hegemónico― y de las feministas ordinarias, quienes veían en Nietzsche tan sólo un misógino[3]. Ellas ignoraron ambos prejuicios.

1.    De la violación a la iniciación

“Sia” es el nombre de un personaje histórico, y a la vez, el título del máximo cargo en True Feminazi. Antes de este movimiento, el término “feminazi” tenía sentido peyorativo únicamente. Describía los actos violentos e intolerantes[4] del feminismo hegemónico. Era usado por conservadores que criminalizaban el movimiento, tomando la parte por el todo.

Sia I era una bailarina de élite. De carácter sumiso, casi masoquista. A los ojos de su familia: una santa. De sus amistades: una promiscua confesa y orgullosa. Su cuerpo siempre llamó la atención de los hombres. Gozaba del sexo; era el único momento donde se sentía “igual” frente a los hombres. Afortunadamente, sus compañeras no la juzgaban. Compartían la misma moral sexual: la libertad.

Por desgracia, ese libertinaje de las bailarinas les jugó en contra cuando un hombre abusó de Sia. Sucedió así: Llegó tarde a la clase, por enésima vez. Como castigo, debía quedarse a limpiar y ordenar el salón. Algo de rutina. Lo hizo de buen agrado. Para su desgracia, un encargado de mantenimiento, joven e intrépido, no pudo aguantar su deseo. Actuó acorde a él, todo orgulloso.

La tomó por sorpresa. Sia se paralizó. En ningún momento se resistió, es cierto; así actúa el miedo. Él, en cambio, encolerizado al no encontrar dolor ni resistencia, que era lo que buscaba, procedió a humillarla como pudo. «Más dolor, más placer», se decía a sí mismo, creyendo que le hacía un pequeño favor a la muchacha cuyo cuerpo “ya estaba listo”, según decían.

Con la mala fama de estas bailarinas, los medios jamás creerían que no hubo consentimiento; es más, probablemente dirían que Sia lo sedujo a propósito y que luego se arrepintió. Los moretes y las heridas serían expresión de un gusto sexual más, como la pedofilia. Así andaba la moral del vulgo en este tiempo decadente. En verdad, pocos verían la verdad, por muy sencilla que fuera: aquella noche, Sia no eligió hacer el amor. Fue violada.

Un año entero guardó silencio. Para superar el trauma, debía hacer algo. Cuando contó todo, sus hermanas decidieron devolverle el favor al joven. Averiguaron dónde estaba y en qué trabajaba. Al parecer, iba a las academias de ballet y algunos colegios, con el mismo propósito. Intentaron encarcelarlo antes, pero logró evadir su condena gracias al dinero de su familia. Los jueces eran fáciles de sobornar. En realidad, el muchacho jamás necesitó trabajar. Sólo era un modus operandi.

Las hermanas ―que ya eran parte de una orden secreta antes de conformar True Feminazi― idearon un plan. En vez de seguir el conducto regular, decidieron hacer justicia por mano propia. Eso admitieron públicamente. No sabemos detalles. Las investigaciones forenses se truncaron gracias al apoyo popular, en especial, feminista, que ganó el grupo.

Advertencia: La siguiente historia tiene contenido explícito. Fue el acto fundador de True Feminazi, por ello decidimos contarlo. El lector pudoroso puede saltarse hasta el segundo subtítulo sin miedo a perderse la trama argumental del diálogo. Cabe aclarar que hay múltiples versiones de estos hechos en particular. True Feminazi admite abiertamente ser una sociedad iniciática. Las historias que difundieron bien pueden ser falsas. Esta es una de ellas. El mito reza así:

Las hermanas lograron contactarse con el violador. Le dijeron que a muchas les gustaba el sexo violento también. Le propusieron una orgía, siendo él, el único hombre ―la típica fantasía monárquica y patriarcal. Después de varios días, aceptó.

Lo llevaron mar adentro en un barco de lujo. Después de comer y beber, el hombre quiso lo suyo. Las hermanas le ataron a una silla. Todas tuvieron sexo con él. Varias veces. Horas seguidas. Al final del día, el hombre no podía más. Y así, la fantasía se volvió pesadilla.

El hombre comenzó a perder la cordura a los pocos días. Hablaba solo, lloraba y pedía perdón. Rogaba a gritos que lo liberen; a veces profería amenazas vanas. La única forma de ganar su libertad, habían decidido las hermanas, era dejándose cortar el pene.

Sia y sus secuaces tenían un contrato listo para ser firmado. En él, el muchacho renunciaba a levantar cargos y contar su historia. Ese era el precio de su vida. Silencio y castración.

El hombre se negó cuanto pudo. A la segunda semana, las hermanas ya no podían seducirlo, es decir, levantar su miembro. Entonces, tenían que recurrir a estimulantes químicos mezclados con la comida. Así, lo violaron hasta que pidió que lo mataran. Pero no era una opción.

«Sin mi pene, ya no sería hombre», pensaba desconsolado. Aguantó algunos días más. Cuando ya no quedó mucho de su miembro, con arrepentimiento y resignación, aceptó el trato. Colocó su huella y su firma en aquel papel.

Así, las versiones se multiplican. Todas hablan de un ritual. Sin embargo, lo cierto es que, siendo esa la parte esotérica de la orden, lo único que haríamos sería especular. El secreto merece respeto. Pero el hecho se mantiene: True Feminazi castró al falo con su propia vagina. Hizo justicia. He ahí el valor simbólico de la historia, así sea falsa.

Pasaron generaciones desde ese oscuro día en el mar. Las bailarinas usaron su disciplina, coordinación y trabajo en equipo para aprender artes marciales y tácticas de guerrilla. También inundaron la academia. True Feminazi es hoy un verdadero think tank que difunde su filosofía al globo entero, aunque su vida privada, iniciática, permanece en la sombra.

True Feminazi, al ser una élite amada y odiada al mismo tiempo, constituye la combinación perfecta para suscitar numerosas críticas. La principal, sin embargo, es la del feminismo hegemónico, representado por Ariadna

2.    Sia y Ariadna

El auditorio estaba lleno. Sia V, cuyo nombre original desconocemos, llevaba una máscara blanca. Ariadna, líder del feminismo hegemónico miraba con recelo al tercer participante, el hombre sin nombre.

La primera en tomar la palabra fue Sia:

―Estoy contenta de que un hombre nos acompañe esta noche. En el pasado, los hombres se reunían para decidir la suerte de las mujeres a puertas cerradas. Hoy, las mujeres se reúnen para conspirar y denigrar a los hombres a puertas abiertas. El verdadero diálogo requiere presencia del otro para mirarlo a los ojos. ¡Bienvenido seas, hijo del hombre![5]

Él sonrío desde su atril e inclinó la cabeza. Su micrófono estaba desactivado, pero se entendió su sincero agradecimiento.  Ariadna, a modo de saludar, confesó su parecer:

―Estos espacios deberían reservarse para mujeres. Ellos siempre tuvieron lugares para hacer escuchar su voz. Hoy nos toca a nosotras. ¡Es el colmo que el hombre ose hablar sobre la mujer a las propias mujeres![6] ¿Qué puede saber un niño[7] sobre nosotras?

―Su presencia enriquece nuestro diálogo, repuso Sia. Siendo honestas, las mujeres, por ser mujeres, hemos copado muchos espacios, a veces sin merecerlo. Ellos, que no son el segundo sexo, deben tener cualidades especiales para ser escuchados. Nadie escucharía a un hombre por ser hombre. La atención pública es más justa con ellos; no les tiene condescendencia. ―A lo que Ariadna replicó:

―La sociedad por fin entiende que las mujeres somos iguales al hombre, que merecemos las mismas oportunidades, entonces nos abren campo. Sí lo merecemos. De hecho, un gobierno ideal debería incluir una mujer a la cabeza, ya que mitad del pueblo son mujeres. El hombre aún tiene privilegios, no entiende nuestra causa. No la viva, no la encarna. Y, no soporta miradas lascivas desde su adolescencia. No es juzgado por su libido; más bien le aplauden.

―Y no seré yo quien los defienda ―respondió Sia―. De mal gusto es hablar a nombre de otro. Yo, aunque soy mujer, dudo que un gobierno de mujeres cambie en esencia el “patriarcado”. Ese juego de la representación es ilusorio. Un indígena o un negro pueden ser presidentes si eso calma al pueblo; el racismo desaparecerá. Lo mismo pasa con la mujer. Pero así piensa el esclavo: «si la opresión es inevitable, o incluso, deseable, ¡mejor ser oprimido por alguien como yo!».

―Tienes razón en algo, Sia. Así existiera completa igualdad de género, el sistema patriarcal seguiría oprimiendo al ser humano y a la naturaleza. Porque no es el hombre el amo del mundo, sino el capital. No debemos erigir al hombre como enemigo natural; el enemigo es el patriarcado, y éste también encarna en las mujeres[8]. Yo no odio al hombre, pero pienso que no debería tener voz aquí. Además, que el problema sea sistémico no quita un hecho fundamental: Oprimir a la mujer sería más difícil si son mujeres las que mandan. ¿No te gustaría gobernar, Sia?

―Si gobernar fuera nuestro norte, ya lo hubiésemos hecho. Sólo pedimos bellas guerreras, nobles princesas. Lo más fino de nuestro género. Si aplausos quisiésemos, montaríamos un Circo, o nos dedicaríamos a la política, que es lo mismo ―respondió con ironía.

― ¡Claro! Sólo quieren seguidoras de su misma altura. ¡Cuánto orgullo! Maquiavelo es dulce a su lado.

― “¿Quién quiere aun gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas”[9]. Gobernar a las demás mujeres es un deseo tuyo, Ariadna. Para eso necesitas igualarlas al hombre. Para mí, es algo obsceno. Hacerla abandonar sus instintos, perder el olfato para percibir el lugar donde se obtiene la victoria con más seguridad, ¡todo por derechos![10]. “Exigir una misma moral para todos equivale a lesionar cabalmente a [las mujeres superiores]”.[11] Seamos justas: ¡Respetemos el orden jerárquico! Entre hombres, entre mujeres, y, sobre todo, entre una moral y otra[12]. Guardemos las distancias. Donde se atiborra la gente ―en los mercados y la política de mercado― pululan las moscas. Éstas desgraciadas sólo perdonan tus fallas, no tus virtudes[13]. No podemos ser líderes de un pueblo así de enfermo. Uno que, pese a no querer pastores, clama ser un solo rebaño[14].

― ¡Vaya! ¡Te dices feminista y piensas como hombre! El feminismo trata de igualdad, y no de jerarquías, ¡menos entre el hombre y la mujer!

―Lo repetiré claramente, como lo haría un hombre[15]: Hay más distancia moral entre dos mujeres, entre dos hombres, de la que hay entre los sexos.

―Las feministas preferimos hablar de “género”, que es una construcción social. Algo muy distinto al sexo, atado a la naturaleza.

―Sus categorías me importan poco. Distinguir el género del sexo ahonda una división ya profunda: cultura y naturaleza. El imperio de la primera interesa a los hombres. La libertad de la segunda conviene a las mujeres[16]. ¡Ay!, si tan sólo conocieras el poder de tu feminidad, la naturaleza y la vida.

―Asociar la feminidad a la naturaleza y a nuestra capacidad reproductora es machista. Más bien buscamos escapar de esas dicotomías. ¿Dónde quedan los demás géneros? ¿Las demás expresiones del cuerpo y su sexualidad?

―Donde pertenecen: en el olvido. Las minorías son útiles para los discursos que empoderan a las mayorías, tú bien lo sabes. Pero no merecen más atención. “Todo sobre lo que se reflexiona mucho se vuelve preocupante”[17], incluso los apetitos sexuales. Hay algo más importante: ustedes, feministas, no conocen a las mujeres. ¡Niegan la propia feminidad!

― ¡No existe la feminidad! La mujer no nace, se hace[18].

―El detalle está en cómo la deshacen. Esa “deconstrucción” suya tampoco hace justicia a la mujer. Por combatir la naturaleza, lo único sagrado, deambulan en la cultura y olvidan los instintos. Tanto así, que el género se ha vuelto un asunto cultural. Ser de tal o cual tribu sexual es una cuestión de identidad, no de placer, y mientras más subversiva, mejor. Cuando se carece de virtudes, ¡y en algo hay que resaltar!, hasta la orientación sexual se hace virtud. Así piensan los ‘polisexuales’[19]. Para consumir los cuerpos, tejen numerosos vestidos; de piel e ideas. ¡Ojalá sus máscaras fueran eróticas! En vez, pervierten la sutileza y la atracción. La relación más natural, de varón y mujer ―la única que da vida―: ustedes la satanizan. Qué mal gusto, dijo Sia.

 ― ¡He ahí el fantasma cartesiano! Lo que para ti es de mal gusto, para nosotres es erótico. Tú dices vida, yo digo libertad. El cuerpo no es destino. Es un modo de deseo[20], y todos deseamos cuerpos distintos. La mujer no tiene por qué ser valorada por cuántos hijos trae al mundo. El hombre es dispensable hasta para la reproducción. La inseminación artificial lo atestigua ―respondió Ariadna convencida.

― “Tú no conoces la libertad, todavía buscas la libertad. Tu búsqueda te ha vuelto insomne y te ha develado demasiado”[21].  Mucho tiempo has llevado cadenas, aún sientes un vacío sin ellas. Por esta paradoja desprecian a los hombres, en vez de despreciarse a sí mismas[22]. Sus relaciones amorosas son efímeras, como su fe[23]. En cuanto la mirada del hombre se posa en otra mujer, ¡ustedes mismas comienzan a buscar a otro hombre! Mejor aún: ¡otra mujer! Si supieran hasta qué punto eso es lo que él quiere: rotación, variedad, novedad, ausencia de responsabilidad, de carga emocional, y, sobre todo, lesbianismo como entretenimiento erótico. ¡Ironía, dulce ironía! Sus relaciones, incluso entre mujeres, son enfermizas. Amas y esclavas; iguales entre sí sólo en una cosa: la dependencia mutua[24].

Tienen demasiado apego y miedo a quedarse solas. Nosotras, en cambio, no dependemos del débil para sentirnos fuertes. Brillamos juntas y amamos con locura.

― ¡Mientes! Necesitan de las feas para sentirse bellas. Necesitan aislarse en un matriarcado privado porque temen ensuciarse con las moscas del mercado[25]. No eres crítica ni profunda[26]. Todas ustedes son superficiales y abocadas a la belleza. Una belleza históricamente construida a costa de nuestros cuerpos: Pies pequeños, cinturas delgadas, rasgos fenotípicos blancos, bustos grandes, bustos pequeños, cuerpo escuálido, anoréxico, y otras veces, delgado, pero bien tonificado. El estereotipo que ustedes encarnan provoca depresión, inseguridad, estrés, ansiedad, bulimia, irritabilidad por hambre, cambios de ánimo, neurosis de eterna juventud, y todo tipo de torturas narcisistas[27].

Cuando modelan y, sobre todo, cuando eligen a quién iniciar y a quién no, ustedes reproducen este mal. Los hombres nos han normado como ornamento a su gusto y ustedes le sacan jugo. Lucran con el dolor de su género. La sororidad no llega a su torre de marfil. No eres feminista, ¡eres una aliade del patriarcado! ―Entonces Sia subió de tono:

― ¡Bien que me llames así!, así como llamas ‘aliados’ a los hombres afeminados. ¡Detéstame para no confundirte! Jamás te aconsejaría seguir mis pasos. Camina, o mejor aún, corre, ¡huye!, hacia el otro lado. Posiblemente la verdad te moleste, pero no me halagues llamándome mentirosa. ¡Qué le importa a la mujer la verdad![28], esa dama en sí. La apariencia y la belleza son más importantes. Los hombres nos dieron la espalda por ir tras esa dama filosófica, ¿o acaso la buscaron por no tenernos a nosotras? No importa. A ninguna debe tener el hombre si quiere ser feliz; sólo puede desear[29]. ―A lo que Ariadna, indignada, respondió:

―No tienes moral[30]. Menos aún, empatía. ¿Buscas la belleza? ¿Amas con locura? Te corrijo: ustedes aman, como locas, a los hombres más que a las mujeres. Y los aman porque realzan su belleza, alimentan su ego. Es simple vanidad. Hay que tener mucho orgullo para ver la relación del hombre y la mujer como un intercambio justo de placeres, donde cada uno obtiene su beneficio[31]. Es ridículo.

―Siempre se ama al amigo más que al enemigo ―interrumpió Sia―. ¡No podemos amar a nuestros enemigos! Nuestro amor está más allá del hombre[32] y la mujer[33]. Amamos a los fuertes y rehuimos de los débiles. ¿Sabes?, “durante demasiado tiempo se ha ocultado en la mujer un esclavo y un tirano”[34]. Como esclavas, no saben ser amigas; siendo tiranas, no pueden tener amigos. Como gatas y pájaros nos perseguíamos entre nosotras[35]. Pero hoy las cosas han cambiado. La mujer ya es capaz de amistad. No tiene que seguir siendo injusta y ciega frente a lo que no ama. Puedes ser mi amiga, si te desprendes de tus telarañas y despliegas tus alas.

―No puedo ser amiga de un objeto, Sia. Lo siento ―dijo Ariadna. Después de meditar un poco, Sia replicó:

― ¿Me estás diciendo cosa? Nosotras elegimos modelar, no somos prostitutas. Manejamos el arte de la seducción y la distancia[36], del ocultamiento y el develamiento, como Eros. No preferimos, como ustedes, el auto-desnudamiento que mata al eterno femenino.

―Con tus esencialismos ―Ariadna puso énfasis en la palabra―, reproduces los estándares de belleza que norma el cuerpo de la mujer. Te lo repito: tu idea de Belleza nos oprime.

―Al contrario, porque no eres atractiva crees que vuestra opresión es culpa nuestra. “El enfermo quiere causar daño con aquello que a él le hace daño”[37]. True Feminazi nació a raíz de su belleza. Debes comprender que, como mujeres bellas, somos la presa más jugosa para el machismo. Simplemente, transformamos nuestro sufrir en algo mejor. Pero no elegimos esos estándares, ya estaban ahí, y la naturaleza nos favoreció. Quizá en otra época, con otro ideal de cuerpo femenino, otras mujeres podrían haber sido las protagonistas, sin duda. Pero el destino, hoy, nos eligió a nosotras. Nuestros cuerpos sufrieron más que el tuyo, si de competencia se trata. La danza puede ser sumamente cruel con nuestros pies y nuestros senos. La delgadez no es sólo un imperativo psicológico que nos causa depresión y ansiedad, como tú denuncias. Para nosotras, es una cuestión de vocación. Si no somos delgadas, no bailamos. Simple.

Esa idea de belleza, aunque sea del hombre, nos dio vida, propósito. Nadie dice que sea verdadera o la única. Pero con ella nos empoderamos. Ninguna mujer debería reprocharle a otra este gusto. Me parece idiota no aprovechar mi belleza; ¡es mi cuerpo! ¡Tengo el derecho! Entonces, “calle la mujer acerca de la mujer”[38].

―Nada de lo que dices quita el hecho que señalo. Tu cuerpo es un objeto[39]. Gracias a ti, mujer rica y empoderada que aprovecha su belleza, miles de mujeres intentan ser como tú. Eres pésimo ejemplo. Así como el mercado de la prostitución trata muy diferente a un hombre y a una mujer[40], el mercado del modelaje trata muy diferente a ricos y pobres; a las blancas, rubias y pelirrojas, por un lado; y las morenas, negras e indígenas, por el otro. Si una mujer no tiene tanta suerte de acercase a tu estereotipo, puede que sufra trata y tráfico. Pero eso a ti no te importa, siempre y cuando saques provecho. Las mujeres se auto-cosifican imitándote, entiéndelo amiga mía.

―Ariadna, sé lo que vive mi género. Rescatamos muchas mujeres al año y les damos todo para ser una de nosotras. Hay mujeres de todas las razas y posiciones sociales en True Feminazi. En toda cultura hay un tipo de mujer valorada como más atractiva. ¡A ella rescatamos! Ese es el ambiente del que nace nuestro mejor elemento. No lo decidimos. Pero sí sacamos provecho. Tú, porque no puedes, te niegas a hacerlo. Engordas, vistes mal y te esfuerzas en verte más varonil. Y luego dices: ¡todas somos bellas! ¡Qué hipocresía! Cuando tienes que elegir una compañera sexual, persigues ‘princesas’ como yo. Las tratas, engañas y usas como lo haría un hombre. ¡Tú misma quieres ser un hombre![41]

―Me lo dice alguien que dirige una organización militar.

― ¿Lo dices por las jerarquías? Me gustaría conocer un matriarcado sin ellas.

―Tú eres la líder, ¿verdad?

―Así es. En batalla, tenemos otra comandante. Para debates, estoy yo.

― ¡Cómo no! La división de trabajo típica del patriarcado. Unas hablan, otras pelean.

―Hacemos lo que mejor se nos da, Ariadna. Aprovechamos el mejor el elemento del grupo para cada actividad, sin resentimientos. Así crecemos. Ustedes, en cambio, jalan a la media. No dejan surgir a las mejores. Quede dicho: espíritus libres somos, de cuerpo y consciencia. Ser bellas no nos impide ser guerreras. Así dicta nuestra voluntad.

―Este es mi problema contigo: te crees superior porque el hombre te hizo un altar.

―Mi posición te incomoda por envidia. Acepta tu lugar. En toda batalla se necesitan soldados que hablen el lenguaje de las masas. Llegas donde nosotras no podemos. No te avergüences y más bien alégrate que algunas mujeres lleguen tan alto. Si tan sólo supieras cómo vivimos, cuánto disfrutamos del amor y la juventud, también te gustaría vivir así[42].

―Tu elitismo es francamente repugnante, Sia. Para ti, las mujeres somos soldados. Las feas van al frente y mueren pronto: en protestas, feminicidios y abusos ocasionales pero sistemáticos. Nosotras vivimos y sufrimos la opresión día a día. De nada nos sirve tu gloria. Todo tu lenguaje está impregnado de machismo y superioridad. Parece que un hombre las hubiera organizado[43].

―Jugamos en el patriarcado, pero vivimos en un matriarcado. La paz reina entre nosotras. Ni siquiera los celos y las riñas amorosas pueden dividirnos. No le tememos a la vida agonal. Nos gusta luchar, con palabras y artes marciales. Nuestros asuntos delicados se resuelven con honor. No exigimos por derecho la igualdad; la ganamos. ¿Dices que reproducimos la dominación? ¡Nosotras queremos dominar![44]

― ¡Atrevida! El feminismo trata de igualdad.

―Igualdad en la injusticia[45], con una voluntad de poder empobrecida. Crean valores a partir del «no», del rencor y la venganza. Comparten algo con las masas: la moral del hombre vencido. Escupen en las Iglesias, pero se toman su veneno, su moral. Son aún demasiado débiles para mí. Su acción es reacción[46]. Y necesitan siempre primero de un mundo opuesto y externo frente al cual existir[47].

― ¡Al menos sabemos resistir! Tú, feminista burguesa, te conformas con aprovechar. Si hablamos de parásitos, tú eres un parásito del patriarcado. Por eso lo defiendes. No sobrevivirías en un mundo de verdadera igualdad.

― ¡Cuánto reflejo! ¡Cuánta proyección! Sois mujeres castradas[48], reflejo del hombre inferior. Sensibles al lenguaje y serviciales a los fuertes, falsas y quejumbrosas. Si ellos son débiles, ustedes son feas[49]. ¡Su moral es una moral de feas! Su crítica es afilada, pero lo que afirman es lastimero[50]. Carecen de aquello que da poder a la mujer: su belleza[51]. Esa diosa baila a través de nuestra apariencia y nuestros velos.

Ariadna, ofendida, quiso interrumpir, pero Sia continuó sin elevar la voz:

― ¡Cuán necesario es el pathos de la distancia! Ay, si tan sólo pudieran querer[52]. ¿Amar al prójimo como predican? Mejor amor al lejano, pero primero y, ante todo, ¡amar a sí mismas![53] Tenemos valores opuestos, Ariadna. Tu compasión va contra de todo pudor[54]. ¡Tú dices sororidad, yo digo belleza! Tú igualdad, yo poder. Y la libertad la entendemos de manera opuesta.

3.    El tercero excluido

El auditorio hizo un cuarto intermedio. Al cabo de 20 minutos, retomaron sus puestos. Era tiempo de que el hombre hable. Empezó dirigiéndose a Sia:

―Me honra tu presencia, noble guerrera. Espero ser de utilidad en el debate de esta noche. Las he escuchado con atención y hay algo que aún me inquieta. No voy a darles sermones de cómo podrían escucharse mutuamente para crecer juntas, ni cómo cada una tiene parcialmente la razón. Creo que su moral y sus ideales las distancia mucho. Apasionadas como son, no pudieron llegar a un acuerdo sin traicionar a sus seguidoras, a quienes representan. Por eso este diálogo estuvo destinado al fracaso. ¡Bien! Para eso estoy yo. Dicen las malas lenguas que las mujeres trabajan juntas sólo cuando tienen un enemigo en común. Probemos entonces.

― ¡Sé al menos mi enemigo!, así habla el verdadero respeto cuando no se atreve a solicitar amistad[55]. Adelante, buen hombre, di lo que piensas.

―Creo que ambas, centradas en sí mismas, son incapaces de ver la dualidad que se desprende la sexualidad, por un lado, y la espiritualidad, por el otro. Creo que ambas entienden su relación con nosotros a través de su cuerpo. No logran concebir una unidad de contrarios más elevada. Y eso les afecta, pues, a su entendimiento de sus dioses.

― ¿Qué sabes de tú de los dioses, hijo del hombre? ―renegó Sia. Pero el hombre se dirigió a Ariadna:

―Tú en verdad detestas a los hombres. No sé si por las razones que Sia dice, pero es un hecho. Otro es que no conoces la feminidad. Te alejas de ella porque crees que la inventamos nosotros. Y es sano que te alejes de nuestros inventos, como la madre virgen, o la Eva pecadora. Pero no necesitas borrar las líneas que nos hace únicos, a hombres y mujeres. La androginia mata el erotismo.

― ¡Explícate!

―Los sexos cada vez se parecen más. Identidad como confusión. La polaridad desaparece, y con ella, Eros[56].

―Asumir que el otro es lo mismo que Yo―dijo Sia―, es reducirlo a mí mismo[57], anular la distancia, signo de las épocas fuertes.

―Los sexos ya no se aman, sólo luchan ―continuó el hombre―. Y en eso ambos feminismos pecan. ¿Cómo lograr la paz y la armonía entre el hombre y la mujer si se ven mutuamente como enemigos, aunque por distintos motivos? ¿Cómo amar queriendo dominar al amado? El amor implica afirmación de la vida, felicidad, crecimiento y libertad propia[58]. Se necesita unidad en la dualidad.

―No hay dualidad ―contestó Ariadna de inmediato―. No hay masculino y femenino. Son categorías e ideales inventados por el patriarcado. Lo único que verdaderamente existe son múltiples identidades sexuales, no esenciales, que moldean su sexualidad y su Yo en un proceso de negociación contextual[59].

―Amor e identidad líquida, ¿verdad? Yo pienso diferente. Verás, el hombre y la mujer son un enigma. Y descubrir su secreto sólo es posible mediante el amor[60]; el éxtasis del orgasmo. Normalmente, hay una separación, no sólo entre hombres y mujeres, sino entre humanos en general, y en relación con la naturaleza. La guerra de sexos es parte de esa alineación. Ésta sólo cesa en los trances religiosos y cuando los sexos se unen de manera mística. Los estados orgiásticos, extáticos, tanto con drogas u orgías, cumplen la misma función[61]. Re-ligar. La desviación homosexual, polisexual (menos heterosexual), o el amor romántico, idealizado, pero nunca real, son todos síntomas del fracaso en la unión auténtica con el otro[62]. El amor libre nace sólo en la unidad cósmica de los principios masculinos y femeninos.

― ¡Un místico del amor! ―dijo Sia sorprendida.

―La dualidad de la que les hablo ―continuó el hombre― está presente incluso en la naturaleza. El principio femenino y el masculino está en la Tierra y la lluvia, las plantas y los animales, el océano y los ríos, el día y la noche, la materia y el espíritu. De cada uno se derivan rasgos personales muy diferentes. La mujer tiende a ser más receptiva, a buscar protección, a tener mayor resistencia, a ser buena madre, además de ser más realista y madura. En cambio, el hombre busca la penetración, conducción, disciplina y aventura[63].

De aquí que la influencia de la mujer en la historia sea diferente a la del varón. Él gusta de la actividad; ella influye con la presencia. Ser mujer es ser un ideal para el hombre, que lo moldea en su más íntimo carácter. La mujer es el excitador psíquico más poderoso que tiene la humanidad. Ella es ambiente, atmósfera, demanda selectiva. A medida que progresa su espíritu se hace más exigente. El hombre vale por lo que hace; la mujer, por lo que es[64].

― ¿De dónde sacas semejantes afirmaciones? ―preguntó incrédula Ariadna.

―Del hecho más básico de nuestra relación: el sexo. El hombre debe sostener el coito. Cuando él acaba, la relación sexual termina. Su miedo es tener un mal desempeño. Por eso tiene que demostrar fuera de la cama lo que no puede lograr en ella. La mujer, en cambio, deriva sus ansiedades del miedo a quedarse sola, de no ser sostenida hasta el orgasmo.

― ¿Y de dónde surge esa alienación? ―inquirió Sia.

―De la separación de la madre, en el plano individual; en el social, de la separación de la naturaleza. Mira, el varón proviene de «lo otro» necesariamente[65], de la mujer. Hasta sus primeros años, es uno con la madre. Luego busca volver a ella a través de su pareja[66].

―Comprendo ―dijo Sia.

―Se necesita complementariedad, equilibrio. No la supremacía de un sexo sobre el otro. Sólo así habrá paz. Con el Dios-vivo y la Diosa-madre del mismo lado. En igualdad ―finalizó el hombre su discurso.

Las mujeres se miraron mutuamente. Ariadna se rehusaba a prestar oídos, pero aún buscaba cómo refutar al hombre. Fue Sia quien rompió el silencio con voz baja:

―La igualdad que buscas se encuentra en un momento dado, el statu quo. Si te quedas ahí, traicionas el equilibrio, que es dinámico a largo plazo.

El varón sin nombre pareció no comprender a dónde se dirigía Sia. Ella continuó:

―Déjame confesarte un secreto, una profecía en verdad: las mujeres reinarán mil, diez mil años, o cuántos permita el hombre de su tiempo. Prueba tus cadenas, acostúmbrate a ellas, porque serás esclavo. Ese es el dictado de la naturaleza. Gracias a nuestros cuerpos y su conexión con la luna, entendemos mejor los ciclos de la Tierra. Ustedes se pierden en los astros y el más allá. En realidad, ese vaivén de largo aliento es la única verdad que cabe entre hombres y mujeres, además del amor, ese daimon[67] del que esperas iluminación. En los tiempos de las primeras canciones, reinamos nosotras, gracias a la agricultura, luego ustedes nos arrebataron el mando con los Estados, imperios y monoteísmos. Según tu misma concepción erótica del cosmos, nos toca mandar. La Tierra lo necesita.

―Realmente no cabe en tu consciencia una verdadera igualdad, ¿no es cierto? ―reclamó Ariadna, preocupada porque Sia sonaba demasiado “feminazi”, en el mal sentido.

―Arañas sois ambos todavía ―sentenció Sia―. No dejan de tejer ilusiones con sus industriosas patas. Esas patas que luego se tornan mil manos, todas extendidas, en búsqueda de limosna y misericordia. Esas mismas manos quieren hacer la revolución, quieren anarquía y utopías. Se supone, todas las patas trabajan por igual. ¡Cuán diferentes somos! Nosotras, cual picaflores, con gracia y agilidad, les robamos la comida sin esfuerzo. ¿Y qué comen ustedes? Insectos poco afortunados, simples mosquitos, frente a quienes pueden fingir ferocidad con su fealdad: quieren parecer buenas cazadoras, cuando, en rigor, lo único que hacen es tejer y esperar. Tu presa no es mi presa, tu alimento no me alimenta.

― ¿Cómo dices?, protestó Ariadna, mientras el hombre se lamentaba no haber logrado la unidad ansiada mediante su metafísica del amor.

―Justo lo que escuchas ―continuó Sia―. Nosotras no queremos sus mosquitos, no queremos su humildad. Les arrebatamos únicamente las mejores presas de esas endebles redes que llaman hogar. Y cuando lo hacemos, ustedes, peludos insectos, revelan su verdadera naturaleza. Las manos que buscaban bendiciones ahora lanzan piedras, especialmente a mujeres enterradas hasta el cuello. ¡Ay!, veo todavía demasiada hipocresía. ¡Les falta mucho para aprender a volar![68]

Inspirada por el eterno femenino, Sia se quitó lentamente su máscara blanca. Para sorpresa de todos, quedó una segunda máscara, esta vez negra.

― ¡Qué demonios! ―reclamaron al unísono el hombre y Ariadna. A lo que Sia respondió:

― “La cizaña quiere llamarse trigo”[69]. Entrenen al ojo en la visión del águila. Aprendan a ver que Dionisio es el redentor del sexo femenino, no Ariadna[70]. Y este dios adora las máscaras[71].

PD: Una vez que el evento terminó, cuando las cámaras apuntaban a los 3 participantes, Sia hizo su última gracia. Se quitó la segunda máscara. Esta vez no quedó nada: ningún rostro ni máscara. Sólo la vida y la eternidad, en profundo silencio, tan profundo, que se hizo música[72].


Notas

[1] NIETZSCHE, Friedrich. Así habló Zarathustra, Alianza, Madrid, 2016, p. 126.

[2] True Feminazi no busca la igualdad con el hombre por el hecho de ser mujer. Busca superar a la mujer decadente (y a su contraparte masculina, de donde aprende sus valores) para erigir «Súper-mujeres».

[3] Normalmente, cuando se atiende el papel de la feminidad en la filosofía de Nietzsche se comete dos errores: o bien se lo juzga según sus fracasos afectivos, a modo de explicar su “misoginia” en sus escritos; o bien se toma sus críticas a la mujer decadente como una crítica a la mujer en general. Si bien Nietzsche no fue feminista, el rol de la feminidad en su pensamiento es, cuanto menos, ambiguo. Por un lado, la verdad es mujer; por otro, la vida también lo es.

[4] Una respuesta impulsiva frente al machismo en retroceso: “hembrismo”.

[5] Hijo del hombre como contraposición a hijo de la Tierra.

[6] «Sobre la mujer se debe hablar tan sólo a varones», replica Zarathustra antes de acceder hablar a las mujeres. Véase: NIETZSCHE, Friedrich, Op. cit., p. 127.

[7] Ibíd. «La mujer entiende al niño mejor que el varón, pero éste es más niño que aquella». Recordemos que, en De las tres transformaciones, el niño simboliza la máxima elevación espiritual. Cf. Ibíd. pp. 65 – 8.

[8] Famosa frase de Rita Segato. Véase su entrevista en línea: Enlace. Recordemos que, en el sistema patriarcal, son las mujeres las que mayormente transmiten los valores de la sociedad a los niños en el hogar, aunque sean valores machistas.

[9] NIETZSCHE, Friedrich, Así habló… Op. cit., p. 53.

[10] Cf. NIETZSCHE, Friedrich, Más allá… Op. cit., p. 199 – 202. Mientras más tenga que exigir nuevos derechos, es síntoma de debilitamiento del instinto. La mujer retrocede.

[11] “[…] lesionar a los hombres superiores”, dice la cita original. Véase NIETZSCHE, Friedrich. Más allá del bien y del mal, Alianza, Madrid, 1997, p. 187. Sin embargo, Tamsin Lorraine piensa que, si Nietzsche escribiera hoy, Zarathustra no haría una distinción de género. Hablaría de “súper-personas” en vez de “súper-hombres” [en: OLIVER, Kelly & PEARSALL, Mary. Feminist interpretations of Friedrich Nietzsche, University Park, Pennsylvania, 1998, p. 121]. Más allá de que decir “hombre” signifique, por antonomasia, “humano”, lo cual puede ser considerado machista por el feminismo hegemónico, en realidad, lo importante está en distinguir qué hubiese querido decir Nietzsche con el lenguaje de su tiempo. Hoy, frente a la susceptibilidad del lenguaje inclusivo, posiblemente hubiese jugado con las ambigüedades de diferente forma. En su época, decir “hombre” era decir “humano”. Este lenguaje, por supuesto, tiene origen religioso. El hombre es carne frente a Dios. Nietzsche fue hábil para utilizar este lenguaje

[12] NIETZSCHE, Friedrich, Más allá… Op. cit., p. 187.

[13] NIETZSCHE, Friedrich, Así habló… Op. cit., p. 108.

[14] Ibíd., p. 53.

[15] Véase el aforismo 232 de NIETZSCHE, Friedrich, Más allá… Op. cit., p. 194. Allí se asocia la claridad y la explicación al hombre, mientras el ocultamiento y el pudor, a la mujer.

[16] “Lo que en la mujer infunde respeto y, con bastante frecuencia, temor es su naturaleza, la cual es más natural que la del varón”. En: NIETZSCHE, Friedrich, Más allá… Op. cit., p. 202. A la vez, Cronan Rose da cuenta que identificarse con la naturaleza para el varón puede ser más problemático. En: ADAMS, Carol. Ecofeminism and the sacred, Continuum Publishing Company, New York, 1993, p. 160.

[17] NIETZSCHE, Friedrich, Así habló… Op. cit., p. 108.

[18] La obra clásica de Simone de Beauvoir “El segundo sexo” suele sintetizarse en esta frase. Sin embargo, para encontrar un tratamiento más reciente y amplio sobre el género como construcción social, véase LAMAS, Marta. El género. La construcción cultural de la diferencia sexual, Miguel Ángel Porrúa Librero-editor, Programa universitario de Estudios de Género, México, 2013.

[19] Término tomado de LAMAS, Marta (comp.). Op. cit., p. 363.

[20] Cf. Judith Butler “Variaciones sobre sexo y género” en LAMAS, Marta (comp.). Op. cit., p. 307. La autora, siguiendo a Sartre y De Beauvoir, considera que el cuerpo es el resultado de la interacción constante entre las elecciones personales y el contexto social. Implica vestimenta, gustos y tabúes (pp. 305 – 9).

[21] NIETZSCHE, Friedrich, Así habló… Op. cit., p. 93.

[22] Cf. Ibíd., p. 52: El hombre más despreciable es el que no sabe despreciarse a sí mismo.

[23] El comediante “mañana tendrá una nueva fe, y pasado mañana, otra más nueva”, Ibíd., p. 106.

[24] Aquí no nos referimos a la visión hegeliana sobre la libertad del amo y la imposibilidad de reconocimiento del esclavo, aunque, a nivel político, esa visión es la expresión del nivel personal. Erich Fromm califica a este tipo de relación interpersonal como simbiótica. La parte activa es sado y la pasiva masoquista. La relación es de necesidad mutua; la libertad se pierde. Cf. FROMM, Erich. El arte de amar, pp. 28 – 29. Simone de Beauvoir, en cambio, habla de una relación parasitaria, de modo que la mujer saca más provecho del hombre que el esclavo del amo. Cf. De BEAUVOIR, Simone. The second sex, Jonathan Cape Thirty Bedford Square London, Great Britain, pp. 680 y 677.

[25] Así le habla Zarathustra a su «amigo»: Le recomienda huir a su soledad, alejarse del mercado, porque su destino no es ser espantamoscas. Las moscas, el pueblo, que se sienten pequeñas, en su cobardía atacan en manada. Así desgastan todo lo grande, a los inventores de nuevos valores. Moran a su alrededor, pero sólo quieren su sangre. No le perdonan sus virtudes. Allí el pueblo sólo lo adula como a un dios o lloriquea frente a un demonio. El «amigo» de Zarathustra no es una piedra, pero ya ha sido excavado por varias gotas. Mejor la soledad.  Cf. NIETZSCHE, Friedrich. Así habló… Op. cit., pp. 105 – 9.

[26] Para Nietzsche, la profundidad es un valor masculino y la consciencia crítica, un atributo del débil.

[27] Para un tratamiento de estos trastornos, véase: Saltzberger & Chrisler, “Beauty is the beast. Psychological effects of the pursuit of beauty of the perfect female body”. En: DISCH, Estelle. Reconstructing gender, Mayfield Publishing Company, California, 2000, pp. 146 – 153.

[28] NIETZSCHE, Friedrich, Más allá… Op. cit., p. 195. Para un tratamiento más completo, véase OLIVER, Kelly & PEARSALL, Mary. Feminist interpretations… Op. cit., pp. 66 – 7. Siguiendo a Derrida, Oliver distingue 3 tipos de mujer: la castrada, la castrante y la afirmativa. Voluntad de verdad, de ilusión y de poder, respectivamente.

[29] NIETZSCHE, Friedrich, Humano, demasiado humano I, Akal, Madrid, 2001, p. 316.

[30] El hecho de que el feminismo sea esencialmente moral y Nietzsche clame ser inmoral es una de las posibles explicaciones del por qué el feminismo no bebido de su filosofía como lo ha hecho de Marx y de Freud. Véase “Nietzsche’s misogyny” de Maudemarie Clarck en: OLIVER, Kelly & PEARSALL, Mary. Feminist interpretations… Op. cit., p. 188.

[31] Cf. De BEAUVOIR, Simone. El Segundo sexo, Debolsillo, México D. F., p. 643.

[32] Nietzsche, con respecto a la teología dice: “se habla del hombre de los últimos cuatro mil años como de un hombre eterno”. Véase LOYDEN SOSA, Humbelina, El hombre y sus fantasmas, Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2001, p. 10.

[33] Para Sara Kofman, el blanco de las críticas de Nietzsche siempre fue la “mujer en sí”. En: BURGOS DÍAZ, Elvira. Afirmando las diferencias. El feminismo en Nietzsche, Universidad de Zaragoza, p. 81. Véase Ibíd., p. 46.

[34] NIETZSCHE, Friedrich. Así habló… Op. cit., p. 114

[35] Cf. Ibíd., p. 114. Aquí se indica que las mujeres aún no están listas para ser amigas. Probablemente porque no están en relación de igualdad. Se dice que, a lo sumo, pueden ser “vacas”. ¿Por qué? La vaca da leche y carne. Carne para el hombre, como cuerpo, como objeto. Leche para el hijo, en especial si es varón. Por eso Nietzsche indica que es lo mejor que puede llegar a ser, dadas sus restricciones. ¡Nodriza y madre del súper-hombre! En ese tiempo, era el mejor rol. Hoy, ella misma puede ser “súper-mujer” si así lo desea. [En la cita original no se distingue el género entre «amiga» y «amigo»].

[36] Para la importancia de la distancia en la mujer, véase: NIETZSCHE, Friedrich, Humano, demasiado… Op. cit., p. 211. Aforismo 428. O también: NIETZSCHE, Friedrich. La ciencia jovial. La gaya ciencia, Monte Ávila Editores, Caracas, 1990, p. 69. Aforismo 60.

[37] NIETZSCHE, Friedrich. Así habló… Op. cit., p. 86.

[38] NIETZSCHE, Friedrich, Más allá… Op. cit., p. 195.

[39] Para ver un planteamiento lacaniano, véase LOYDEN, H. La mujer objeto. La feminidad en el juego de los imaginarios. En línea: Enlace. O del mismo autor: El hombre y sus fantasmas, Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2001.

[40] BARRY, Kathleen. Female sexual slavery, Avon Books, New York, 1991, p. 11.

[41] El esclavo no quiere crear nuevos valores, sino tomar el lugar del amo. Cf. MÜNNICH BUSH, Susana. Nietzsche: La verdad es mujer, LOM Ediciones, Santiago, p. 98. También véase la afirmación de Derrida: “El feminismo no es más que la operación de la mujer que aspira a ser como el hombre… Quiere una mujer castrada”. En: PATTO, Paul. Nietzsche, feminism and political theory, Routledge Inc., New York, 2002, p. 34.

[42] A las mujeres les importa más las personas que las causas. Cf. NIETZSCHE, Friedrich, Humano, demasiado… Op. cit., p. 207. Aforismo 416.

[43] En resumen: La mujer ha obtenido del hombre no sólo sus virtudes y fortalezas, sino también sus debilidades y vicios. Cf. NIETZSCHE, Friedrich, Humano, demasiado… Op. cit., p. 210. Aforismo 425.

[44] La mujer afirmativa, con voluntad de poder, que distingue Derrida. OLIVER, Kelly & PEARSALL, Mary. Feminist interpretations… Op. cit., pp. 66 – 7.

[45] NIETZSCHE, Friedrich, Más allá… Op. cit., p. 168.

[46] Nótese cuántos términos son reactivos: Machito, machista, patriarcal, manplaining, opresor, violador, misógino, homofóbico, transfóbico, heterocentrista, occidental, eurocéntrico, falocéntrico, logocéntrico, androcentrista, etc.”. Puro lenguaje de justificación y de reacción frente al otro. Con tal bagaje, no es sorprendente que encuentren insultos y discriminación por doquier. Un espíritu así, vive ofendido, listo para morder, o al menos, responder.

[47] NIETZSCHE, Friedrich, La genealogía de la moral, Alianza, Madrid, 1996, pp. 42 – 3. Aforismos 9 y 10.

[48] Es la mujer que se niega a sí misma en orden de afirmarse como hombre, Afirma Oliver en: OLIVER, Kelly & PEARSALL, Mary. Feminist interpretations… Op. cit., p. 68. También conocida como mujer cristiana, para Münnich Bush.

[49] NIETZSCHE, Friedrich, La genealogía… Op. cit., p. 194. Autdesnudamiento como afeamiento.

[50] No hay verdadera negación sin una afirmación implícita.

[51] OLIVER, Kelly & PEARSALL, Mary. Feminist interpretations… Op. cit., p. 28.

[52] NIETZSCHE, Friedrich, Así habló… Op. cit., p. 284.

[53] Ibid., p. 285.

[54] Ibid., p. 419.

[55] NIETZSCHE, Friedrich, Así habló… Op. cit., p. 113.

[56] FROMM, Erich. El arte de amar… Op. cit., p. 25.

[57] Rosalyn Disprose “Nietzsche and the pathos of distance” en OLIVER, Kelly & PEARSALL, Mary. Feminist interpretations… Op. cit., p. 12.

[58] FROMM, Erich. El arte de amar… Op. cit., p. 64.

[59] HAMMACK, Phillip & COHLER, Bertram. The story of sexual identity, Oxford University Press, New York, 2009, p. 463.

[60] FROMM, Erich. El arte de amar… Op. cit., p. 38.

[61] Ibíd., p. 21.

[62] FROMM, Erich. El arte de amar… Op. cit., p. 41.

[63] Ibíd., p. 43 – 4.

[64] Ortega y Gasset, José. Sobre el amor, Plenitud, Madrid, 1963, pp. 13 – 41.

[65] OLIVER, Kelly & PEARSALL, Mary. Feminist interpretations… Op. cit., p. 231.

[66] Esta posición freudiana es retomada por Fromm.

[67] Aquí Nietzsche y Sócrates toman partido contra el Fedro de Platón en El Banquete, cuya postura es similar a la esgrime Fromm.

[68] El vuelo asociado a la transmutación de valores. Véase Ibíd., 34.

[69] NIETZSCHE, Friedrich. Así habló… Op. cit., p. 150.

[70] MÜNNICH BUSH, Susana. Nietzsche: La verdad es mujer… Op. cit., p. 120. Cf. PFEFFER, Rose. Nietzsche: disciple of Dionysus, Bucknell University Press, New Jersey, 1972, p. 268. Para el autor, Dionisio es el máximo símbolo sagrado del eterno femenino. Por otro lado, recordemos que la muerte de Dionisio está asociada al nacimiento del individuo. Y el renacimiento de Dionisio, a la muerte del individuo. [Cf. SATATEN, Henry. Nietzsche’s voice, Cornell University Press, New York, 1990, p. 114].

Y justamente la Diosa-madre hace referencia a la totalidad de todo lo existente. [Cf. SJÖÖ, Monica. The great cosmic mother. Rediscovering the religion of the earth, Harper San Francisco, New York, 1991, p. 55]. Por último, observar las similitudes entre los mitos de muerte y resurrección de Dionisio y de la Diosa-madre en Ibid., p. 48. Por último, véase la ambivalencia sexual de Dionisio en Sarah Kofman “Baubô: Theological perversión and fetichism” en OLIVER, Kelly & PEARSALL, Mary. Feminist interpretations… Op. cit., p. 45.

[71] “Todo lo que es profundo ama las máscaras” dice Nietzsche en BURGOS DÍAZ, Elvira. Afirmando las diferencias… Op. cit., p. 79. Para ver la relación de las máscaras con la mujer en Nietzsche, véase OLIVER, Kelly & PEARSALL, Mary. Feminist interpretations… Op. cit., pp. 43 y 196.

[72] Véase La otra canción del baile y Los siete sellos en NIETZSCHE, Friedrich. Así habló… Op. cit., pp. 364 – 375. En el primer capítulo acaba en silencio y el segundo, en cantos. Lo fundamental es que la experiencia numinosa de Nietzsche está asociada al eterno retorno, al ciclo, al ovario y a la vida. Lo contrario al dualismo trascendental del Dios-vivo de los profetas. Inmanencia, no trascendencia. Esto lo coloca el lado del éxtasis y de la Diosa-madre, la Tierra. Además, también “la vida” está más allá del bien y del mal (Ibíd., p. 367).

P.A.F. Jiménez

Estudiante de Comunicación, escritor, editor y filósofo autodidacta. «Filósofo» en el sentido originario del término: amante de la sabiduría, pero no de una sabiduría asceta, sosegada y contemplativa, sino de una extática e intempestiva, propia de los espíritus problemáticos y altivos. Mi mayor virtud y defecto: la sinceridad. Mi fe: el misterio. Mi convicción: la verdad. La gran ilusión: el Yo.