Fuente Fotográfica: Cosecha Roja

Introducción

En 1/12/2019 Ollantay Itzamná publicó en su blog: “¿Por qué algunos intelectuales indigenistas y feministas negaron el Golpe de Estado en Bolivia?”, promocionado por Hemisferio Izquierdo y Radio Kawsachun Coca en redes sociales[1].

Algunos de esos intelectuales son: Silvia Rivera Cusicanqui, Raquel Gutiérrez, Eduardo Gudynas, Raúl Zibechi y Rita Segato. El propósito de mi artículo no es defenderlos ni justificarlos, sino ofrecer una respuesta sin necesidad de recurrir al indigenismo ni al feminismo. Esta puede considerarse una respuesta de la izquierda marxista a la izquierda masista.

La reacción de Ollantay Itzamná era previsible. En un escenario político polarizado, las medias tintas, los matices escurridizos y las posiciones críticas no alienadas a grupos de poder, suelen causar zozobra intelectual. Pues surge la paradoja: ¿Por qué hay intelectuales de izquierda que no comulgan con la narrativa del MAS? Si estas posturas provinieran del oriente, de escritores de derecha, fácilmente podrían ser descalificadas como “fascistas, racistas y golpistas”. Como no es el caso, hay que someterlos a la narrativa, para que no pierda fuerza[2]. Esa parece ser la intención de Ollantay Itzamná con los intelectuales.

Veamos ahora los argumentos. Son 7: Individualismo metodológico, Revancha intelectual, Racismo intelectual, Postura anti-estatista, Postura a-imperialista, Ambientalismo fashion, y No hay indio insumiso sin culpa. Seguiremos el mismo orden.

1. Individualismo metodológico

Según Ollantay Itzamná, los intelectuales criticados redujeron el proceso de cambio a la persona de Evo, ignorando el proceso social e histórico del que forma parte, y la votación masiva que legitimó su gobierno. En resumen, ese es su argumento.

La identificación general del proceso de cambio con la figura de Evo es un hecho; al igual que la identificación popular de la whipala con el MAS. Sin embargo, ¿fueron estos pocos intelectuales “renegados” quienes acuñaron esta nefasta identidad? Lo que digo: ¿Acaso el rostro de Evo no estuvo en cada obra entregada desde 2006? El mismo Linera le dijo a Evo, antes de ser elegido: “que no te pase nada a vos, […] si te pasa a vos algo, estamos perdidos, el país está perdido”.[3] El problema del culto a la personalidad vino de adentro del mismo gobierno, no de estos intelectuales ni alguna propaganda externa. El modelo fascistoide que Evo seguía de Castro y Chávez tendía a identificar al líder con el partido, al partido con el pueblo. Eso viene desde Mussolini, e incluso antes, desde Luis XIV[4].

Condenar los desatinos de Evo, de todos modos, no los coloca en contra de todo el proceso de cambio[5]. Estar en contra de la prórroga eterna de un gobernante, no vuelve traidores a los intelectuales, cuyo compromiso siempre ha de estar con la sociedad. Si el poder no es digno de loas, están en la obligación profesional de criticar. Eso no los hace menos indigenistas o menos feministas. Prefieren la verdad a vender su pluma al poder.

Por último, el término que utiliza Ollantay Itzamná para referirse a la reducción del proceso de cambio a Evo es: “individualismo metodológico” (IM). Esta metodología en las ciencias sociales fue acuñada por Karl Popper, quien consideraba que, en última instancia, los grupos sociales están compuestos por individuos, y que sólo éstos tienen mente e intenciones.

Además, esta metodología, en el campo político, está casada con la ingeniería social fragmentaria, o sistema de reformas, implantada por prueba y error. Asimilar el IM a una visión personalista de la historia es, cuanto menos, desacertado. El materialismo histórico ya derribó esa visión de la historia que tenían los burgueses, quienes solo se fijaban en los actores en cuanto líderes, llámense revolucionarios, héroes, presidentes, reyes, etc. Popper es posterior al marxismo. Su IM se contrapone a la dialéctica de Marx. Por lo que, temporal y conceptualmente hablando, Ollantay Itzamná está pateando oxígeno. El IM es utilizado, por ejemplo, en las teorías micro-económicas con mucho éxito sin que aludan siquiera a la visión personalista de la historia que les acusa a los intelectuales “renegados”.

2. Revancha intelectual

Si el lector se está preguntando cómo Ollantay Itzamná tiene ideas tan brillantes y agudas, este subtítulo le aclarará el panorama. Según el autor, los intelectuales negacionistas del golpe están resentidos con Álvaro García Linera, porque éste nunca les prestó atención ni debatió con ellos. Desde entonces, la mofa de su inteligencia matemática, sus metáforas performativas y su carencia de título, fueron expresión de dicho resentimiento. Burlándose de Linera, estos intelectuales descalificaron todo su fino pensamiento (ad hominen).

Para empezar, es ridículo pretender justificar las babosadas de Linera en los medios recurriendo al resentimiento intelectual de estos personajes. Para errar en sumas de dos dígitos no se necesita un plan magistral del imperialismo yankee, ni ningún revanchismo intelectual. La pésima imagen intelectual de Linera, si bien ha sido impulsada por la propaganda opositora, en buena parte provino de su mismo ego. Él mismo se pavoneaba asegurando que ni todos los opositores juntos podían con sus neuronas. Que su gran arma era su cerebro, etc. No obstante, jamás brilló en ningún debate. El pez muere por su boca.

Siendo honesto, no me consta que, en la medida que dejaron sus cargos públicos, estos intelectuales repudiaran el proceso de cambio. Puede que sí. Aunque fuera cierto, ellos esgrimieron argumentos muy precisos sobre las políticas del MAS. Descartar estas críticas porque provienen de “renegados” intelectuales es un ad hominem.

El ad hominen empleado para descalificar a Linera es detestable, pero es aceptable para descalificar a los demás intelectuales indigenistas y feministas. La hipocresía o falta de razonamiento son las únicas explicaciones factibles para este desliz contradictorio de Ollantay.

3. Racismo intelectual

Cito a Ollantay Itzamná:

«El indigenista o feminista profesional, por lo regular, adula al indígena o la mujer mientras éste o ésta es subalterna. En la medida que el indígena comienza a caminar con sus propios pies y pensar con su propia cabeza, el indigenista se incomoda».

En este punto, ya no sólo se trata de confusión lógica, sino de un fenómeno bastante conocido en el psicoanálisis clásico: la proyección (Freud). Según Foucault, todo poder tiene su discurso. El poder del MAS vino acompañado de un discurso neo-stalinista e indigenista. El asesoramiento del q’ara al indígena que el autor denuncia en estos intelectuales “renegados”, lo hizo el mismo Linera. Es irónica la frase referida al indígena que “comienza a caminar con sus propios pies”. En realidad, la predilección por el subalterno es algo que comparte con los intelectuales que critica.

Pero hay que ser claros: fueron los pies indígenas, campesinos y populares quienes pusieron a Evo en el poder. No fue el asesoramiento de Linera, como le gustaría pensar a Ollantay Itzamná. En verdad, los intelectuales, en todo caso, se aprovechan de las demandas populares, dotándolas de discurso, pero no más.

Así, observamos nuevamente el argumento espejo. El trato al indio como quien “no puede caminar sobre sus propios pies” fue algo que hizo el mismo MAS, bañando de ideología marxista las consignas de identidad y soberanía que tenía el campesinado cocalero en Bolivia. El IPSP fue consumido por la burocracia masista y su corrupción. Las bases fueron olvidadas cuando las élites se rifaron la bonanza económica.

De hecho, el socialismo de Linera es “desde arriba”. Cree que el intelectual puede asumir el papel de clase dirigente para instaurar, mediante el voto (irónicamente), un régimen socialista. Es decir, ¿para qué Marx construyó una teoría del materialismo histórico si es que los intelectuales se iban a adjudicar el papel que sólo la historia puede proporcionar? ¿Para qué criticó Marx a los socialistas utópicos que creían que podían, mediante el poder de sus ideas, convertir al Estado burgués en un Estado socialista porque ellos así lo querían? Claramente, los socialismos reales son un retroceso frente al materialismo histórico. Es lógico, puesto que Bolivia aún no tuvo su Ilustración. Y, por supuesto, Marx estaba más allá de esa Ilustración y su contraparte dialéctica, el romanticismo.

Por último, una pregunta suelta que Ollantay Itzamná lanza al principio del artículo referido a este punto: «¿Cómo se explica esa ‘adulación’ discursiva a los indígenas sometidos, y la repulsa a los indígenas en proceso de emancipación?». Siguiendo a Gramsci, entendemos que, si la clase dirigente no hizo la revolución al llegar al Estado, inevitablemente se convierte en clase dominante.

Parte de ese dominio, por ejemplo, lo denuncia Rivera Cusicanqui. Pues los cocaleros colonizan las tierras vírgenes del oriente, para depredarlas con la coca destinada al narcotráfico, impidiendo la recuperación del suelo fértil tras su mono-cultivo, tan nocivo para la diversidad ecológica. Un intelectual que no critique estas acciones, sólo por estar ejecutadas bajo el amparo de un gobierno “socialista”, es un hipócrita.

Es ridículo defender a un gobierno porque éste comparta tu ideología. Ollantay Itzamná podría escuchar más a Marx y menos a Linera. Le haría bien a su capacidad crítica, sin que por ello desoiga a Fausto Reinaga quien, atinadamente, escribió: “Cristo como Marx se ha convertido en bandera de opresión”[6].

4. Postura anti-estatista

En este punto Ollantay Itzamná tiene razón. Hay una influencia sumamente anarquista en las críticas de estos intelectuales negacionistas. Sin embargo, más allá de la teoría que anime sus críticas, debemos tomar en cuenta las críticas en sí. El tema del papel de Estado quedó en entredicho desde el momento en que el socialismo real comenzó a existir. Después de haberse incorporado a la lógica de dominación autoritaria, muchos marxistas nos preguntamos si Marx tenía razón a la hora de erigir al Estado como único medio de transición de la sociedad capitalista a la comunista. La duda es la opinión del sabio, diría Kardec.

Francamente, sigo pensando que la revolución es mundial o no es. Y en el momento en que el proletariado, después de haber tomado consciencia de clase, haga suyo el aparato estatal, es posible, aunque no probable, que realmente logre abolir las relaciones de clase, la propiedad privada y la alienación en general. Quizá ese momento todavía esté por llegar y el pensamiento de Marx simplemente haya irrumpido en la historia muy tempranamente, buscando cumplir su profecía por la fuerza.

Más allá de estas cuestiones teórico-prácticas, la posición de Ollantay Itzamná sigue siendo hipócrita. Pues las loas a la comunidad (en contraposición al Estado) cual si fuese sinónimo de descolonización política fue algo que el mismo MAS impulsó. Una vez más, de forma hipócrita, por cuanto su gobierno fue centralista. Toda injerencia extranjera (también de China o Cuba) significa una violación de la soberanía nacional. Esa soberanía, sin embargo, que es del pueblo, Evo ya no la representaba.

En todo caso, si hubo golpe, fue el corolario final de una rebelión popular. Podríamos legítimamente preguntarnos qué hubiera pasado si el Gral. Kalimán, en vez de sugerir la renuncia de Evo, hubiera sacado al ejército para enfrentarlo a la policía y protagonizar otra “masacre”. Quizá debió ser una “auténtica revolución” (como querría Lorgio Orellana) la que lo desaloje, pero no fue. En su lugar, otra élite se montó en la legitimidad pérdida de Evo. Nada de esto quita el descontento citadino y de clase media, que también son parte del pueblo, y como tal, también tiene derecho a exigir su soberanía, incluso frente a Evo.

5. Postura a-imperialista

El Imperio de Negri no niega la importancia del Estado en la periferia global. Niega su importancia en el centro global. Es decir, ya no son Estados los que controlan la reproducción del capital. El capital se ha hecho independiente de la política. Este marco teórico no excluye la posibilidad de golpe de Estado o intervencionismo. Los gobiernos-policía de la periferia siempre pueden ser más o menos leales o beneficiosos al capital extranjero. Por lo que, es desatinado apuntar a Negri como negacionista del papel imperialista de EE.UU.[7].

Lo que Ollantay Itzamná no dice, es que Evo obedecía al capital chino y a la política castrista. Recordemos que para Fausto Reinaga, el comunismo Inka debía gobernar Bolivia. Su única bandera debía ser la wiphala[8], algo que Evo no cumplió. Pues, aunque la wiphala fue erigida como símbolo político después de que los policías amotinados la cortasen de su uniforme, esto no significa que el gobierno de Evo haya sido ajeno a los intereses extranjeros y a las políticas dictadas desde Cuba. El imperialismo se ejerce también desde la izquierda. ¿La guerra fría continúa? Ver un solo lado es miope.

6. Ambientalismo fashion

Este es, sin duda, un tema delicado. El MAS enarboló el discurso pachamamista, ligado al indigenismo, para llegar al poder. Pero una vez en el poder, se vio en la obligación económica de continuar con el extractivismo. ¿Hipocresía o consecuencia lógica?

A decir verdad, Evo es más cocalero que indígena. Es decir, más ‘campesino heredero de las minas’ que ‘salvaje que vive de la naturaleza’. Desde tiempos anteriores a la colonia, estas dos clases de indígenas tuvieron una relación diferente con la Pacha. Para los andinos, la agricultura era crucial para la supervivencia de sus imperios. En cambio, para los de tierras bajas, donde la vida prospera sin restricción, la naturaleza era, de cierto modo, más sagrada. Lo que valía era el trabajo agrícola para unos, la contemplación de los ríos y de las aves, para otros. Ambas actitudes con la naturaleza obedecieron a sus condiciones materiales.

Sería imprudente asociar el ambientalismo con solo una clase de indígena. Por lo que, es lógico, Evo tendería a reproducir las prácticas de la coca-mercancía al resto del país. Esto incluye minería y chaqueo, por supuesto. En cambio, los movimientos ambientalistas, que se articularon con las marchas indígenas del TIPNIS, guardaban la otra visión de la naturaleza. Para Ollantay Itzamná, una postura es realista y la otra, fashion.

Al extractivismo del MAS le opone el conservacionismo de Cusicanqui. Una práctica real y la otra, una posición intelectual. En los hechos, Evo se escuda en la “consulta”. Lleva colonizadores a tierras bajas, da un golpe desde el Estado a la CONAMAQ[9] y CIDOB[10], y luego efectúa la consulta.

Aunque ese anhelo modernista esté presente en menor o mayor medida en las comunidades indígenas, eso no significa que las prácticas depredadoras de la coca y de la soya sirvan, realmente, a estas comunidades. Por lo que sabemos, simplemente engrosan el capital de las élites. La coca favorece a los narcotraficantes y la soya, a la oligarquía ganadera cruceña. La hipocresía de Evo es la hipocresía de Ollantay Itzamná. Su ataque al medioambiente no sigue un discurso indigenista realmente, sino desarrollista, como la mayoría de los gobiernos de derecha[11]. Traicionan su ideología en la práctica.

7. No hay indio insumiso sin culpa

Ollantay Itzamná acusa a las feministas de ser machistas. Así como el machista culpa a la víctima de las agresiones del violador, de esa forma las feministas justificaron el golpe alegando que sucedió gracias a los errores de Evo. En pocas palabras, Evo es la víctima. La máxima de Linera se cumple: dame una víctima, te daré un ganador.

Realmente, Ollantay Itzamná hace gala de una enorme ignorancia frente a la teoría feminista. El sistema de gobierno boliviano, más allá de que la figura de Evo sea machista o no (que lo es), es completamente patriarcal. No me refiero al “patriarcado” que el feminismo cultural de Argentina piensa cual si fuera el Imperio de Hardt y Negri. Me refiero a que, en los hechos, Bolivia es heredera de dos grandes culturas, la occidental y la indígena. Tanto helenos como cristianos tuvieron sistemas patriarcales, más o menos jerárquicos, más o menos democráticos. Las 36 “naciones” originarias de Bolivia son patriarcales. No somos herederos de ningún matriarcado, por donde se busque. Por lo que caracterizar la política boliviana, y a la sociedad en su conjunto, como patriarcal, no es algo descabellado. Y contra ello, las feministas tienen todo el derecho de protestar.

El gobierno de Evo no era la víctima, “culpable de su violación”. Era otro violador más, tanto de mujeres como de la Madre Tierra, pese a su discurso. Por lo que, a mi parecer, el feminismo fue el único movimiento político que se mantuvo relativamente crítico y ajeno a los grupos de poder. Para ellas, Luis Fernando Camacho era la antítesis (católica) de Evo, nada más. Su desprecio frente a los grupos de choque y los caudillos es digno de admiración en una cultura de paz, que tiene relación real con los matriarcados[12].

El autor del ensayo termina mencionando las masacres, persecuciones y demás actos dictatoriales de Áñez. Lo último que haré será justificar estos actos, en la medida que sean ciertos. No por ser mujer Áñez tiene inmunidad, así como Evo no la tuvo por ser “indígena”. Y Ollantay Itzamná, pese a no tener mucho impacto en el pensamiento boliviano, merece ser criticado, sobre todo, porque representa los últimos resabios del indianismo leninista azul que el proceso de cambio dejó a Bolivia. Ese proceso, que es una reivindicación histórica más que partidaria, aún puede resurgir renovado, independientemente del MAS y sus mercenarios de las letras.

8. Conclusión

Sea por falta de pensamiento crítico, por intereses políticos o simplemente por falta de visión política, algunos intelectuales de izquierda siguen defendiendo lo indefendible: el gobierno de Morales. Para su propósito, recurrirán a toda clase de falacias y mañas retóricas, como observamos en el texto de Ollantay Itzamná. No obstante, el mundo no es blanco y negro, y la política no se reduce a las ideologías dominantes, como pretende el maniqueísmo burdo que se instaura en los medios y las redes sociales. Pretender deslegitimar a la izquierda crítica con el MAS, llamándolos “intelectuales renegados”, no sólo devela falta de imaginación sino desesperación frente a un discurso que pierde su poder.


[1] Para que la lectura de este artículo pueda seguir el hilo conductor de Ollantay Itzamná, recomendamos leerlo de manera comparativa, teniendo el artículo al que responde abierto para cualquier consulta.

[2] Con los mineros de Potosí, heridos por francotiradores del MAS, sucede algo parecido: No encajan en el estereotipo de enemigo, del “otro”.

[3] Landes, A. 2007. Cocalero [Archivo de vídeo]. Min 10:29 en adelante. YouTube: Enlace

[4] Para un desarrollo de esta tesis, véase: Juan Claudio Lechín W., Las máscaras del fascismo (La Paz: Plural, 2015).

[5] Aunque Cusicanqui sí considera que este proceso es una fachada de etnicidad estratégica, puesto que el MAS continuó las políticas neoliberales y siguió tratando al indígena amazónico como ornamento cultural, retraído en su reserva étnica. Véase: Silvia Rivera Cusicanqui, Mito y desarrollo en Bolivia. El giro colonial del gobierno del MAS (La Paz: Plural, 2015).

[6] Fausto Reinaga, Tesis india (Ecuador: ICCI, 2009), p. 38.

[7] Para un abordaje suscito de su postura en Imperio, véase: Antonio Negri & Daniel Zolo, El imperio y la multitud. Un diálogo sobre el nuevo orden de la globalización (Eduardo Sadier, 2003).

[8] Fausto Reinaga, Ibíd., p. 66.

[9] Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu.

[10] Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano.

[11] Y de izquierda también. Por algo Mansilla se refiere al socialismo real de la Unión Soviética como modernización acelerada. Véase: H. C. F. Mansilla, Autonomía e imitación en el desarrollo (La Paz: Cebem, 1994), pp. 185 y ss.

[12] Véase la tesis de grado de Alejandra Carranza Gómez-García, Educación matriarcal como filosofía de paz (Cochabamba: Mefistofelia informa, 2019).

Johann Sebastian Mastropiero

Mastropiero se ha creado fama de artista espiritual pero come de todo... Pero con métodos. Con métodos pocos... Claro. Claros. Con métodos poco claros