Motivaciones policiales / Aula Libre ORBIS-MLBA ©

“Los funcionarios de policía gozan con el lunfardo,

como los chicos de cuarto grado”.

— Jorge Luis Borges

Todas las personas hacemos cosas por un incentivo, independientemente de si este es bueno, malo, perverso, altruista o, hasta, miserable. Ningún humano obra sólo porque sí. Esos llamados inexplicables y sobrenaturales con que a veces se justifica un oficio o vocación, incluso un sacrificio, suelen ser mentiras, confusiones o formas menores de misticismo. Tampoco se descarta que sean simplemente discursos que tratan de generar cierta superioridad moral sobre el resto de la sociedad. Así, con el argumento falaz de que una causa está más allá de la comprensión de la mayoría, se puede callar un buen número de críticas.

Menciono esto de los incentivos y vocaciones porque durante estos últimos años la Policía Nacional cobró protagonismo en varios hechos políticos y sociales. Siendo los bajos sueldos, jubilaciones magras y las malas condiciones de trabajo sus primeros reclamos. Además, durante estos meses con la pandemia en escena, los miembros del cuerpo policial repiten constantemente el riesgo que corren. Vale la pena preguntarse, entonces, qué es lo que motivó, en la primera quincena de enero, en pleno rebrote del virus que golpea el orbe, a cerca de 4500 mortales, hombres y mujeres —que no respetaron el distanciamiento social— a postular a la Academia Nacional de Policía.

Postulantes a la Academia Nacional de Policía
Fuente de la fotografía: Enlace
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Como ya tengo más de 30 años, la inocencia se me cayó hace tiempo, así que no creo en el alma sacrificada y en la nobleza de defender a la sociedad (la defensa de la patria ante el enemigo extranjero es el discurso decimonónico de militares) y la lucha por la justicia; lo cierto es que hay algo más. Se puede especular con varias cosas que seguramente llevan a cada postulante y miembro activo del verde olivo a postularse. Desde lo que representa el uso del poder en beneficio propio, las formas ilegales y corruptas de obtener ingresos e, incluso, ciertos trastornos psicológicos relacionados a la violencia. De esto último, podemos mencionar los más usuales: feminicidios, abuso policial, sadismo, uso excesivo de la fuerza, entre otros.

Represión policial a una marcha de personas con discapacidad (2012)
Fuente de la fotografía: REUTERS/David Mercado
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Por eso, la Policía en Bolivia flota entre aires culturales muy extraños. Entre la falta de credibilidad, la antipatía de una importante parte de la sociedad y hasta el constante cuestionamiento a algunos de sus efectivos no sólo en lo referido a su condición física, ética sino también mental. “Los funcionarios de policía gozan con el lunfardo, como los chicos de cuarto grado”, escribió Borges en el maravilloso cuento El indigno. Y aunque no estamos en el Río de La Plata, el razonamiento de una jerga y sobre todo un comportamiento muy peculiar en sus filas aplican muy bien a Bolivia.

Si a eso se le añade el servilismo político, como el que demuestran muchos uniformados a cada ministro de Gobierno que pasa, con condecoración incluida, sumándole la impunidad en numerosos casos (las palabras “intocable” y “peso pesado” que ya hemos hecho habituales no son precisamente muestra de legalidad); poco espacio le queda a la institución del orden en el sitial de confianza ciudadana.

El actual Ministro de Gobierno recibiendo una condecoración por parte de la Policía
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Lo cierto es que la Policía Nacional, aun con toda la fama que acarrea, sigue siendo una tentación para muchos jóvenes. Los cuales seguramente, en pocos años, se quejarán por un destino que ellos mismos, de manera informada y real, escogieron… ¿Por qué tanto interés? A veces las respuestas están a plena vista. Pero, es posible que, por corrección política, por costumbre o por miedo a alguna sirena de patrullas, ya no queramos verlas y decirlas. Ojalá que de los aproximadamente 4500 postulantes de enero sean seleccionados los que vayan a emular a policías honestos y probos, y no así a los que tienen oscuros historiales y hasta prontuarios.

Andrés Canseco Garvizu

Abogado de profesión. Filósofo y escritor en el campo del ensayo y el relato corto. Miembro fundador del Colegio Abierto de Filosofía. Periodista de opinión. Conductor de «El Laberinto». Ha publicado en medios nacionales e internacionales. Ejerce la docencia en universidades y otro centros educativos. Fotógrafo de nivel intermedio.