Lúdica del lenguaje: Relatos y gambeta / Aula Libre ORBIS-MLBA ©

«El lector reacciona ante el texto desde la clara densidad de su propia reserva de referencias y memorias. Formidable y muy antigua es la sugerencia de que sean una y la misma, la Musa de la memoria y la de la invención».

Steiner.

En la calle

Rafael Echeverría postula que, en tanto individuos, somos lo que somos debido a la cultura lingüística en la que crecemos. Además, nuestra posición en el sistema de coordinación de la coordinación del comportamiento (esto es, del lenguaje) al que pertenecemos.

Así, el eximio artista de la guitarra y la palabra Harold Beizaga señala:

«Las palabras son jaurías que son palabras, caza acaso y furia (más) en contra de sí, grávidamente infinitas, silenciosa-mente (im/ex)propias, de tanto animal -ilusión- de palabra y tanta palabra que nunca es, ni no es…».

Inventiva y creación, la vida como arte la podemos explicar en un sistema de coordinaciones. También, lo explicó Humberto Maturana[1].

Quizás en el lenguaje como en el fútbol, la claridad; como ese toque preciso, ese pase al arco con el cual Menoti define al gol o el soltar a tiempo el balón; son, entonces, la palabra exacta, el mensaje que llega y que impacta con sutileza o aquel pelotazo que pega en el travesaño. “Casi fue”, pero no, uno sufre al salvarse, otro sufre porque no se concretó.

Fútbol en la calle por Grazia Bucca - Aula Libre
Fútbol en Cuba
Fotografía: Grazia Bucca
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En la cancha

Todo juego es una metáfora de la vida. En ese sentido, el fútbol también lo es. Jugar con la pelota, hilvanar jugadas, puede ser una metáfora también del lenguaje en el que las palabras son eslabones creativos de lo simbólico.

Luis H. Antezana narra en su libro: «Un pajarillo llamado Mané», una muy interesante anécdota sobre L. Wittgenstein:

«Hay una anécdota filosófica al respecto que permite sospechar que el fútbol hace y dice más de lo que percibimos. Esta anécdota se encuentra en la A Memo ir (1984), que Norman Malcome escribió a propósito de Wittgenstein. Mencionando previamente a Frenan Tyson, el testigo del hecho, y destacando que se trata de una anécdota ‘considerable’ Malcome escribe:

Un día en el que Wittgenstein pasaba por un campo en el que se disputaba un partido de fútbol, de súbito le vino el pensamiento que, en el lenguaje jugamos juegos con palabras[2]»

Por lo tanto, una jugada, una gambeta, una poesía, puede ser indiferente o exaltarnos en un mar de emociones. Así, el lenguaje como la jugada tienen efectos inesperados. De pronto, esa poesía hecha con los pies: pisar el balón, tocarla al ras, regate y sombrerito rompen las líneas de lo preestablecido. Entonces, lo sorpresivo hace dupla con lo estético, como menciona Jorge Valdano:

«Los entrenadores cuadricularon el terreno como si fuera un tablero de ajedrez y domesticaron a los jugadores para convertirlos en piezas. Lo único que les sigue molestando es el balón… y, sin embargo, se mueve.»

La Bombonera - Aula Libre
La Bombonera
Fotografía: AFP
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En la cabina

En primer lugar, en la épica futbolera; los relatos de José María Muñoz, Víctor Hugo Morales, Grover Echavarría o de Galvao Bueno, resuenan y recrean en la memoria momentos clave del juego y de las jugadas. Así, ellos son la evidencia narrada e imaginada de lo que fue, de esa realidad que con el tiempo puede transformarse en leyenda. Emociones en noventa minutos, la vida en el rectángulo verde como gloria y como tragedia, el laberinto que transitamos relatando y siendo relatados.

Observamos, también, parte de ésta lúdica en lo que el periodista Daniel Samper Pizano sentenciaba:

«… el fútbol no sólo me ha emocionado y divertido, sino que ha enseñado una llana filosofía sobre la existencia; no niego que algo aprendí leyendo a Platón y Aristóteles, pero le debo más a Sócrates, aquel elegante mediocampista brasileño...».

Entonces, ambos Sócrates contestatarios, el filósofo y el futbolista, jugaron con la idea. La manifestaron; uno en palabras, otro en pases; desnudando, así, prejuicios y defensas.

Esa narración, así como el relato, trasciende al tiempo de juego. Luego, en la vida y en el juego, la verbalización va más allá del pitazo final. Así lo entiende también Luis H. Antezana:

«El fútbol espectáculo sucede dentro y fuera de la cancha. Mediando la verbalización preformativa, ese espectáculo es prácticamente ininterrumpido, y, sin duda, multifacético».[3]

Daniel Samper Pizano - Aula Libre
Daniel Samper Pizano
Fotografía extraída de Caracol Radio
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En la tribuna

El periodista deportivo Horacio Pagani desbordado por la tristeza, decía, murió el fútbol, en alusión al fallecimiento de Maradona. Así pues, las emociones y sentimientos a veces no tienen una explicación inmediata. Aunque las pensamos con algunas palabras, es difícil evocarlas; como es difícil comprender el vacío en la tribuna; ya no solo por la pandemia, sino por ese duelo que transitará el hincha cuando parte de su pasión murió.

La soledad del héroe, señala Rank (1990), es de gran valor en su transformación en íconos culturales. Entonces, recordamos a Diego Maradona en su soledad:

El héroe permanece solo contra un mundo de oponentes, y solo contra un submundo de peligros. La individuación de Maradona se vuelve empírica – no sólo simbólica- en esos dos goles: en el primero queda aislado por un rebote accidental del balón y resuelve, con rapidez de prestidigitador, ante el asombro de Shilton.

En el segundo, como dice Brian Glanville, fue un gol tan inusual, casi romántico, que lo podría haber marcado un héroe de la escuela o algún remoto corintio de los tiempos en que el gambeteo no estaba de moda. Casi no pertenecía a nuestra era racional y racionalizada, época en que los gambeteadores estaban tan extinguidos como los pterodáctilos.»[4]

Puede que la soledad del éxito lleve a emociones encontradas y paradojales: “lo tengo todo y al mismo tiempo nada”. Así se puede entender al “ídolo” cuando quiere ser el “hincha”, como ese cántico de la torcida del Corinthians:

“você quer ser eu e eu quero ser você” “tu quieres ser yo y yo quiero ser tu”. La realidad y el mito. Como para escuchar la canción de la Guardia Hereje: «Para verte gambetear».

Tribuna de Fútbol Brasileño - Aula Libre
Fanáticos de Fútbol Brasileños
Fotografía: Alamy Stock Photos
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En el café, tercer tiempo

«Aunque las hay muy breves, las jugadas entonces, son como largas oraciones que empiezan con la mayúscula de una bola muerta, en las que la bola va de un lado a otro, y acaban en el punto final de una falta – cualquiera: propia o ajena-, un gol o su salida del terreno de juego».[5]

Luis H. Antezana

Fragmento de la entrevista de Gonzalo Fernández (GF) a Luis H. Antezana (LHA).

GF: ¿Dónde adquiere sentido el fútbol?

LHA: En realidad para mí, el fútbol, donde adquiere todo su sentido es en la vida pública que hace que la gente pueda charlar. Es absurdo, pero es así. Pueda charlar de semana a semana el partido, comentar el partido, comenzar a cranear las expectativas del próximo partido y seguir charlando; creando, así, relaciones sociales. Por lo tanto es un espectáculo. Es un juego, en primer lugar, porque también lo jugamos en la calle, en las aceras. Un espectáculo en la medida, sobre todo a nivel del fútbol profesional, y un mecanismo de articulación social.

GF: Al escribir su libro sobre el fútbol y también los otros ensayos, fue como tomarse un recreo en su trabajo habitual. ¿Lo hizo por un gusto aparte, o como un objetivo latente para escribir sobre esa temática?

LHA: Es más complejo que eso. En primer lugar, me gusta el fútbol, por otra parte yo admiro mucho a Garrincha. Entonces, cuando murió Garrincha, hice un ensayo sobre él. Y, me parecía, entonces, que para entender el fútbol se utilizan instrumentos muy sencillos. Es decir, no digamos superficial, no se utilizan aparatos más complejos. Se trata al fútbol como una cosa muy banal y no se le aplican aparatos más complejos.

Entonces, un poco en mi cabeza, me dije: ¿Por qué a una cosa tan linda como el fútbol, no aplicarle los instrumentos más poderosos que hay? Entonces, así yo le aplico. Es, también, medio juego al escribir; le aplico aparatos de filosofía. Entonces ¿Por qué con la filosofía no podemos pensar el fútbol? Y en segundo lugar, ¿por qué tenemos que pensar cosas “graves, profundas y perdidas” con la filosofía? Cuando la filosofía, también, nos puede enseñar a entender una cosa aparentemente tan banal como el fútbol. Y, en el fútbol, hay un lugar donde sí se puede aplicar eso: es en su capacidad estética. Entonces, eso me movió a seguir buscando y a entender otro tipo de cosas; pero, en una perspectiva entre juguetona y radical, aplicar la filosofía al fútbol.

Luis H. Antezana - Aula Libre
Luis H. Antezana
Fotografía extraída del Diario Opinión
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Notas

[1] Así, Humberto Maturana en Pedagogía de la Intencionalidad, señala: «Con las palabras lo que hacemos es fluir en coordinaciones de coordinaciones de haceres, los distintos significados de una palabra, de un sonido, de un gesto, de una marca, dependen del flujo de coordinaciones de hacer en el cual participa».

[2] Así lo explica Luis H. Antezana en su magnífico libro: Un pajarillo llamado Mané.

[3] Antezana Luis H., Fútbol: espectáculo e identidad, en: Alabarces Pablo (coord) op. cit., p.87.

[4] Citado en el libro: La mano de Dios. La vida de Diego Maradona. 1996:208

[5] Luis H. Antezana. Un pajarillo llamado Mané. Ed. Plural. La Paz., p. 126. 1998.


Bibliografía

  • Antezana, Luis H. (1998) Un pajarillo llamado Mané. La Paz. Ed. Plural.
  • Antezana, Luis H. (2003) Dice que dijo. Cochabamba. Ed. CESU UMSS.
  • Alabarces, Pablo. (2002) Fútbol y patria. Buenos Aires. Ed. Prometeo.
  • Burns, J. (1996) La mano de Dios. La vida de Diego Maradona. Buenos Aires. Planeta.
  • Fernández D., Gonzalo. (2019) San José es Oruro y Oruro es San José. Identidad de la hinchada, una aproximación psicosocial. Ed. Autores Editores.
  • Maturana, Humberto. (2000) El sentido de lo humano. Santiago de Chile, Dolmen.
  • Steiner, George. (1979) El lector excepcional. Oxford University. Escandalar II/3.
  • Valdano, Jorge. (1996) “Y, sin embargo, se mueve”. El País. 29.01.1996.
  • Beizaga, Harold: Fan page Artista: Enlace.
  • La Guardia Hereje (2020) Para verte gambetear: Enlace.

Gonzalo Fernández

Es psicólogo y mediador. Realizó el Máster en Mediación Familiar, Social y Laboral en la Universidad de Granada – España, miembro fundador del Foro Internacional de Mediadores Profesionales (FIMEP), docente investigador en la Universidad Tecnológica Privada de Santa Cruz, consultor en proyectos sobre cultura de paz y gestión de conflictos