La historia en debate / Aula Libre ORBIS-MLBA ©

El fenómeno Auschwitz planteó un gran dilema en la conciencia occidental en el Siglo XX. Así, la sociedad del progreso auguraba un futuro optimista, una recta directa hacia la felicidad absoluta. Es decir, un paraíso terrenal sustentado por la razón, la ciencia y la sociedad industrial.

La racionalidad positivista, las ilusiones de la Belle Époque y los sueños de la ilustración se vieron atacados (o confirmados de acuerdo a las visiones que consideran al genocidio como elemento moderno) por las Guerras Mundiales; y más aún por el descubrimiento de las fábricas de cadáveres y las lógicas masivas de asesinato.

En tiempos donde la barbarie era facultad de los atrasados y de los no-ilustrados, la sociedad europea se encontraba con una racionalidad de la violencia, con una planificación de la muerte en su propio corazón.

El genocidio nazi marcó un punto de corte con una tradición del progreso y una lógica cientificista. Theodor W. Adorno, en ese sentido, observó que luego de Auschwitz era imposible producir poesía en tanto lo bello era impensable después del mal ido. Hannah Arendt, por su parte, habló de un abismo que se abrió en la comprensión de los hombres sobre lo sucedido. La gran paradoja de una sociedad que producía imágenes por doquier; y, sin embargo, carecía de las herramientas necesarias para expresar tal radicalidad de la malignidad. Preguntas que apuntaban (y todavía lo hacen) al corazón de la misma condición humana, en tanto inquieren sobre lo que el hombre puede hacerle al hombre.

La tradición del derecho natural que postulaba derechos inalienables del hombre en tanto hombre. Es decir, en una esencia humana quedaban desprestigiados como conceptos metafísicos absurdos. Ya que, ante un Estado que decidió que cierta clase de personas no poseían, en términos arendtianos, el derecho a tener derechos.

Ese quiebre epistemológico, filosófico y moral generó en cierto sentido una canonización de la Shoá[1] como un acto que representaba el peor mal visto en la tierra y de carácter único. Así, este hecho poseía sus rituales de memorias, sus lugares de recordación y su especificidad que lo vuelven incomparable e impensable. Desde, por supuesto, las categorías tradicionales de pensamiento. Lo sucedido allí no es comparable con otros momentos históricos ni yuxtapuesto a circunstancias actuales. El silencio podía ser una postura epistemológica digna. La muerte en masa, la deshumanización, la ausencia del duelo y la negación de la dignidad del hombre llegaron a una escala nunca vista. Y que cualquier ejercicio de comprensión sería una mentira en tanto pensar sobre lo sucedido, pues, era recurrir en ficcionalizaciones. El testigo último del mal no podía testimoniar.

Niños víctimas del holocausto (Shoá).
Niños víctimas del Holocausto (Shoá)
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Sin embargo, lo acontecido no sólo debe mantenerse en un canon intocable e impensable. Entonces, pensar sobre la Shoá no es banalizar ni restarle lo que fue en tanto genocidio planificado y mal ausente en la historia humana hasta ese momento. La lógica genocida es un arquetipo del mal.

Efectivamente, Auschwitz demuestra las posibilidades fácticas de lo que el hombre le puede hacer al hombre, no entre 1939-1945, sino en todo momento. Estudios propios del estructural-funcionalismo y textos como «Eichmann en Jerusalén» de Arendt; sumados a estudios psicológicos de Milgram y Zimbardo, han observado con certezas que las condiciones de posibilidad de un genocidio no son tan “particulares de época”; sino, pueden ser construidas socialmente. ¿Eso significa banalizar la Shoá? Lejos de eso se está. El recuerdo constante del Holocausto como posibilidad latente en el seno de los hombres es precisamente marcar apuntes sobre lo sucedido. Esto, para plantar anticuerpos en el presente y garantizar el futuro.

Dentro de la tradición de estudio sobre la Shoá se han dado famosos debates en torno a esta problemática. Ciertos intentos de des-sacralización o “salida de una caverna” de los hechos han derivado en cuestiones conflictivas. Es así que Ernst Nolte pretendió establecer al nazismo como una respuesta ante al imperialismo bolchevique. Auschwitz como respuesta frente al Archipiélago Gulag y ante la vocación destructiva del bolchevismo.

Andreas Hillgruber reconoció en Hitler una centralidad esencial (con ansias exculpatorias de la sociedad civil al centralizarse en 1 hombre). Además, insistió sobre el sufrimiento de las tropas alemanas en el este; Asimismo, con una intención de comparar, en palabras críticas de Habermas, el “sufrimiento alemán” con las víctimas de la Shoá. Todo esto, con una clara voluntad de liberar a la sociedad alemana presente de la culpa del pasado. Asimismo, reconocía como heroicas, las cruzadas de las tropas alemanas en el este frente a la destrucción que proponía el bolchevismo.

Ernst Nolte (izq) y Andreas Hillgruber (der)
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En algún sentido, la actitud de comparación de ambos autores llegaría –según sus críticos y en mi opinión también– por una deseosa voluntad de querer borrar o por lo menos señalar la excepcionalidad de dichos hechos frente a la historia alemana o el deseo de mitigar la concepción de un Auschwitz único y autosuficiente en cuanto mal radical.

El ejercicio de pensar no puede subsistir por medio de categorías cerradas y obtusas. “Todo” debe ser pensado y criticado. Eso no significa que uno deba validar todo pensamiento ni decir que toda comparación es correcta. El término “fascismo” o “nazismo” ha sido llevado al extremo en el debate actual, cual doxa platónica sin episteme. La palabra ha tomado un tono vulgar que la aleja de su real significación y eso no es positivo. Sin embargo, descreo de debates cerrados. La Shoá fue algo terrible y único. Pero, a la vez, debe ser un punto de referencia, un faro intelectual y político del camino que se debe tomar para que no vuelva a suceder. Su unicidad no contradice su carácter paradigmático. Es un conflicto hermenéutico e historiográfico que ha hecho correr muchos ríos de tinta. El lector podrá sacar sus propias conclusiones.

Auschwitz - Aula Libre
Auschwitz
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Notas

[1] Denominación aceptada para definir al genocidio del pueblo judío. En hebreo significa «catástrofe» y su uso viene a contrastar el polémico término «Holocausto».

Brian Frojmowicz

Estudiante de la carrera de Ciencia Política en la UCEMA. Fue miembro durante dos años y medio de Estudiantes por la Libertad ocupando el cargo de coordinador junior, coordinador senior y coordinador nacional del centro. Es miembro del Centro de Investigación de Israel y el Medio Oriente (CIMO). Es miembro voluntario en Juventud Unida. Ha dictado cursos en diversas materias como ser: fascismos, sistemas de gobierno y otras áreas de la filosofía política. Es ponente en diversos tópicos.