Cuatro observaciones sobre la crisis prolongada del 2020 / Aula Libre ORBIS-MLBA ©

No es por nada que la tradición marxista se enfoca sobre la crisis de la sociedad para iluminar las estructuras dominantes, detrás de las apariencias superficiales. Después de la victoria electoral del MAS el pasado 20 de Octubre, los analistas han difundido sus pronósticos sobre la significancia del voto pacifico. Pero, en esta ocasión, me gustaría volver un poco más atrás. Para, de esta forma, destacar algunas observaciones sobre el estado de la democracia en Bolivia tras la crisis prolongada del 2020.

Primero, aunque Bolivia enfrentó la pandemia de COVID-19, en 2020, bajo condiciones excepcionales de crisis política y un gobierno interino; la pandemia mostró que el país no es excepcional en términos de reacciones frente a la crisis global. Las mismas tendencias del debate global se manifestaron sobre las medidas públicas en contra el COVID-19. La única diferencia es que los términos ideológicos fueron al revés. Mientras en el mundo fue la derecha la que se pronunció en contra de la cuarentena estricta, en Bolivia fue la izquierda. Pero, la polémica se alineaba a la tendencia universal: los populistas en contra de la cuarentena, los liberales a favor.

Manifestaciones contra la cuarentena en Bolivia
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Segundo, a pesar de las críticas que recibió, Giorgio Agamben tuvo razón cuando dijo que la cuarentena corresponde al régimen de control de la “pura vida” (nuda vita). Es decir, se redujo el valor de la vida humana a su cuerpo físico, al individuo. Separando, así, la salud de su contexto e impidiendo que se den las relaciones sociales en la comunidad. Como observó Thomas Poole, la política de la cuarentena se parece mucho a la visión del Leviatán de Thomas Hobbes. En la cual, la ciudadanía está subordinada a la autoridad científica del estado, aquello que Michel Foucault llamó el “bio-poder”.

La cuarentena es revelar el deseo secreto de la tiranía en el liberalismo. En Bolivia, el gobierno interino manejó una de las cuarentenas estrictas más largas del mundo. Se tomó un símbolo de la decadencia autoritaria, la “Casa del Pueblo”, para instalar un equipo experto de control de la pandemia en el país. A pesar de todas las medidas, Bolivia tuvo una de las tasas más altas de muertes per cápita del mundo. Los recursos estatales destinados a la salud cayeron en la corrupción, prueba de la herencia del estado rentista, como en el caso de los famosos respiradores.

De manera rápida y fácil, el gobierno interino adaptó su política de la salud a su lucha en contra del “terrorismo”. Opositores a la cuarentena se convirtieron en “ignorantes”, “hordas” y “salvajes”, reproduciendo el viejo discurso colonial sobre el indio entorno a su jerarquía como ciudadano. Como notó Rene Zavaleta, al liberalismo en Bolivia le cuesta tomar la molestia de esconder sus pretensiones del poder.

A su vez, nada de lo mencionado permite ignorar las políticas irresponsables del MAS como oposición. Como la promoción que hicieron del dióxido de cloro o la malicia de bloquear el transporte de oxígeno. Pero, las expresiones abusivas del gobierno interino tuvieron su efecto. Según el Mallku Felipe Quispe, los dichos racistas del ex-ministro Murillo hicieron resucitar al muerto político del partido MAS.

El exministro de gobierno Arturo Murillo
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Igual, en términos de análisis, sería simplista explicar las expresiones de estos prejuicios meramente por el racismo, sin tomar en cuenta sus dimensiones clasistas y regionalistas. En EEUU, estos mismos prejuicios están reservados para los blancos pobres, los seguidores de Trump. Más bien, le da cara al sentido tecnócrata del liberalismo y su fe en la palabra experta despreciando a las masas. O, como el ex-ministro Arias explicó, la pandemia, en términos análogos, es una pelea moralista entre los personajes ficticios de Thanos y los Avengers.

Tercero, al frente del control sanitario hubo una llamada demagógica al “trabajo” por parte del neo-populismo. Durante la cuarentena, desde el MAS en Bolivia hasta Bolsonaro en Brazil y Trump en EEUU, proclamaron la libertad para “trabajar”. Libertad que se opondría a la libertad como salud física y, supuestamente, a favor de la economía. Así, el populismo se manifiesta como un espejismo del liberalismo, en vez de ser una alternativa real.

Al frente de una crisis global, esta “libertad” para el trabajador no es nada más que la disponibilidad para ser explotado. Cuestión que, al igual como las posiciones ideológicas durante la crisis política del 2019, no corresponde a la realidad dominante del trabajo informal en el país y oculta las pugnas intra-élite sobre la economía de dependencia. Irónicamente, la posición neo-populista y anti-cuarentena sirve para liberar al progresismo de justificar su política sobre las responsabilidades estatales para cuidar el bienestar de la sociedad, justificación esencial para el socialismo tradicional. Frente a la pandemia en Bolivia, los neo-liberales han sido más anti-mercantiles que los progresistas.

La lectura de Hannah Arendt nos ayuda a apreciar la pobreza política del neo-populismo. En un libro incompleto, recién publicado, Arendt hizo una crítica empática de la filosofía de Karl Marx. En esta sostiene que una raíz del totalitarismo es la subordinación de la política completamente al “trabajo”. Resumiendo, su crítica es que el socialismo no llega a suplantar la reducción de la humanidad al trabajo en la modernidad, más bien lo profundiza. Lo que da paso a la despolitización total de la vida. El ciudadano está reducido al “trabajo animal” (animal laboran), sin creatividad, pensamiento y voz.

Hannah Arendt y Karl Marx
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Arendt nota también que Marx no tiene la culpa de las tendencias totalitarias de sus discípulos; puesto que él creía que la libertad estaba en superar y abolir el trabajo. Para Arendt, la libertad humana se manifiesta en las prácticas políticas de co-vivencia y expresión.

En el momento actual, su crítica destaca como las llamadas demagógicas para el “trabajo” que le quitan el poder a la democracia. Si en el siglo XX, el estado socialista subordinó la fuerza y creatividad del proletariado a la planificación centralizada y su autoritarismo burocrático; en el siglo XXI, el neo-populismo progresista, aún más vacío de imaginación emancipadora, reduce el avance de la sociedad a los abstractos de cifras maquilladas de desarrollo, como el producto interno bruto y las políticas mercantiles.

El neo-populismo converge con el neo-liberalismo en su visión tecnócrata de la ciudadanía. El neo-populismo subordina la participación democrática a las máximas mercantiles de la “economía”, como expresó recientemente Luis Adolfo Flores del MAS en el Senado:

Si bien es cierto que el 45% puede estar preocupado por el reglamento (2/3), pero el 55% de los bolivianos está preocupado por la economía del país.

Así, la única diferencia con el neo-liberalismo es como el neo-populismo valoriza la fuerza del trabajo en su discurso desarrollista.

De manera instructiva, vimos estas dimensiones autoritarias en el caso del TIPNIS, cuando el gobierno masista subordinó los derechos participativos de los pueblos indígenas a los imperativos del desarrollo. La implícita teoría de valor-trabajo era axial en el conflicto del TIPNIS, impuesto por el estado en sus políticas “productivas”. De esta forma, los territorios indígenas eran vistos como “latifundios verdes”, supuestamente ausentes del trabajo productivo, como han declarado dirigentes de la CSUTCB.

Represión a marchista por el TIPNIS en Chaparina
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Cuando los imperativos económicos se asientan encima de la democracia, la política queda vacía de contenido y debate. La despolitización y fragmentación de la sociedad civil han sido la herencia del gobierno del MAS, dando paso a la banalización de la política, la normalidad ciega de la “zombie democracia”, en la cual la participación se reduce a la repartición de pegas. “Vamos Bien” en 2014, “Futuro Seguro” en 2019 y “Vamos a Salir Adelante” en 2020 son los slogans del MAS. En contraparte, la crisis política de 2019 ha forzado a la sociedad boliviana a hablar de nuevo, en su pluralidad, sobre el significado de la democracia por sí misma, frente a las pugnas estatales del poder.

Detrás de los bloqueos de agosto, agresiones y maniobras del MAS, hubo un impulso de las demandas populares que exigen una participación plena en el gobierno. Por ejemplo, los Ayllus del Norte de Potosí pidieron la expansión plena de la salud, pública y gratuita. Pero, las demandas de las bases nunca le importan a la cúpula del MAS. Provocando la “traición” de los “señores”, según la dirigente campesina Segundina Flores. Parece que el único ganador político de los bloqueos del pasado agosto fue el Mallku Felipe Quispe.

Cuatro, la vida política se manifestó en su plenitud en las experiencias comunitarias de solidaridad y auto-conocimiento, fuera de la alienación de la nuda vita o animal laboran. Hay diversos textos sobre el rol de la democracia, o el autogobierno, para la vida plena. No son militantes ideológicos de la izquierda ni de la derecha que están alertando sobre el peligro inminente de la crisis climática y ambiental, de la cual la pandemia es solo un preludio.

Frente a un sistema que habla de la vida y protege sus bolsillos privados, lo que sustentó a la población boliviana durante la crisis prolongada del 2020 fue su memoria milenaria. La primera línea de defensa en contra de la pandemia fue la medicina tradicional, los remedios que provienen de un conocimiento integral de la naturaleza. En contra del hambre, fueron las ollas comunes, la solidaridad ciudadana y la reciprocidad del ayni; prácticas que revivieron los cabildos y ayllus de los pueblos indígenas y originarios, las asambleas. Manifestaciones políticas que se acercan a la forma democrática que Arendt y Marx idealizaron.

Plantas medicinales usadas en el combate al coronavirus
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Si la democracia representativa salió victoriosa con las elecciones transparentes y limpias en 2020, su vindicación llegaría desde abajo, con un sentido anti-autoritaria. Para defender la democracia en contra los abusos partidarios y las pretensiones de imponer un estado de partido único (la farsa del totalitarismo de antaño), será necesario revivir las prácticas libertarias de cabildos, la democracia comunitaria, directa y participativa. 

Devin Beaulieu

Antropólogo. Candidato a Doctorado en la Universidad de California, San Diego. Sus investigaciones en Bolivia se han enfocado sobre los derechos indígenas en la Asamblea Constituyente, el conflicto del TIPNIS y la justicia indígena.