El romanticismo y el historicismo a la luz del espíritu ilustrado / Aula Libre ORBIS-MLBA ©

Este breve ensayo pretende reflexionar sobre algunas de las corrientes filosóficas que se desarrollaron en el siglo XIX. Estas líneas reflejarán el contexto histórico en la que se desarrollaron. Desde un punto de vista analítico se realizará una comparación entre ellas y algunas conclusiones a la luz del espíritu ilustrado. El trasfondo de indagar en la historia de las ideas del pensamiento occidental es para preguntarnos por la importancia de esta temática y su pertinencia en el presente. Asimismo encuentro un gran motivo para pensar problemas en el ámbito andino. Considero que estas teorías nos permiten dilucidar el presente y posiblemente proyectar futuras y complejas soluciones a problemas también altamente complejos.

Aparentemente parece que los bolivianos nos moviéramos entre alternativas contrapuestas. La primera es la humanista cosmopolita y la segunda es la de tradición nacionalista, romántica e historicista; o, posiblemente, esta última sea la expresión de algo nuevo. Sin embargo, considero pertinente que antes de argumentar lo nuevo, es saludable recorrer la historia para gestar una posición razonable. Si es que los bolivianos realmente estaríamos produciendo algo nuevo; o, por el contrario, es la mera repetición de experiencias en la historia ya acaecidas en el siglo pasado europeo. Por lo tanto nos serviría de ejemplo. A pesar del asedio de los particularismos, localismos y endogamias, no debemos olvidar la universalidad del saber.   

El historicismo fue un movimiento cultural estrechamente emparentado con el romanticismo aunque no coexistieron ni temática ni cronológicamente. Historicismo y romanticismo comparten, entre otras cosas, una actitud de reivindicación de los sentimientos frente al puro raciocinio “mecanizante”. El conocido tratadista Savigny expresa lo siguiente: «El intelectual solía avergonzarse de sus emociones, demasiado orgulloso de sus ideas, y las mantenía ocultas bajo un velo de racionalidad».

Por eso, durante el siglo XVIII, el pensamiento fue, sobre todo, pensamiento lógico, que evita cuidadosamente cualquier concesión a las pasiones. La pura razón fría y rígida gobierna el mundo. Pero, una vez desgarrado el velo de racionalidad que encubría los sentimientos, saltan éstos sobre los distintos ámbitos de la existencia como sobre una presa. El arte y la ciencia, la política y el derecho, reflejan, al revés que en la época ilustrada anterior, la manifestación de las emociones humanas”. 

Para Francisco J. Contreras, el historicismo es una palabra comodín que reviste significados distintos en función del contexto del discurso. Asimismo, se utiliza para agrupar en el siglo XIX el neorromántico y el neogótico.

En filosofía y ciencias sociales, el término, surgido en Alemania, se utilizó inicialmente en sentido peyorativo. Sin embargo, por historicismo se entiende hoy un movimiento de ideas, transversal a diversas disciplinas; el cual surge y se desarrolla en Alemania desde finales del silo XVIII a principios del siglo XX. Aunque se incluye a no alemanes como Burke, De Maistre o Michelet. Se consideran como autores historicistas a J.G. Herder, L.V. Ranke, J. Burckhardt, J.G. Droysen, W. Dilthey, E. Troeltsch y F. Meinecke. Entonces, la aparición del historicismo está relacionada con los rápidos cambios socioeconómicos y políticos de las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del XIX. Asimismo, el núcleo filosófico del historicismo es la idea del hombre como ser histórico.

Es importante acentuar que entre uno de los rasgos, la aparición del historicismo se vio favorecida por la “cientifización” de la historiografía en los siglos XVIII y XIX. Pero también, el auge de la historiografía provocó en el siglo XIX una historización de las demás ciencias humanas. Es importante remarcar que historicismo reivindica la individualidad histórico-cultural. Asimismo, el historicismo rechaza la noción ilustrada de progreso. Además, sobre el historicismo, planea siempre el fantasma del relativismo, que también es hostil a la noción de derecho natural. Finalmente, el historicismo impulsa la búsqueda de un método y una fundamentación epistemológica, específicos para las ciencias humanas.

Para Contreras Peláez, los precursores del historicismo son Montesquieu, J. Moser, Voltaire, G. Vico y J. G. Herder.

Para H.C.F. Mansilla, el romanticismo surgió a comienzos del siglo XIX como oposición a lo percibido como la prepotencia del racionalismo y la ilustración. Este autor nos expresa la contraposición filosófica y literaria a lo considerado clásico. Era también, un renacimiento de los sentimientos frente al frío cálculo utilitario. Una revigorización de las tradiciones nacionales y locales, independientemente de que estas fueran irracionales y antidemocráticas. Esto quiere decir que en un mundo donde se imponía el monoculturalismo; a través de los ejércitos napoleónicos acompañados del espíritu ilustrado, del progreso y la industrialización; la sociedad empieza a sentirse avasallada por el cosmopolitismo urbano. Esto, porque un cosmopolita urbano sufre las alienaciones de una sociedad hecha para la producción de bienes materiales y la ganancia en el mercado.

Entonces, los individuos empiezan a desvincularse primero consigo mismos, después se desvinculan de los otros seres humanos y finalmente de la naturaleza. Es decir que el hombre ya no encuentra su realización personal ni satisfactoria ante un mundo instrumentalizado.

Axel Honneth, citado por H.C.F. Mansilla, expresa:

«Pensadores de muy diversas tendencias, como Theodor Adorno y Michel Foucault, creyeron ver a partir de 1800 un interminable tiempo histórico, en el cual la ideología humanista, los nuevos códigos jurídicos y el impulso uniformador de la Ilustración encubren un saber instrumental que sirve, sobre todo, a la consolidación del poder político».

Es muy interesante como H.C.F. Mansilla reflexiona sobre el inicio de estas tendencias y su extensión a los países latinoamericanos y el mundo andino. Así como el medioevo es considerado para los europeos la edad de oro. Asimismo para los andinos el imperio inca se encuentra libre de alienaciones.

En una comparación entre el iluminismo y el historicismo se puede apreciar: Para el iluminismo su punto de partida es la naturaleza. Sin embargo para el romanticismo e historicismo le interesa más la historia.

El iluminismo es racionalista. Sin embargo, el romanticismo e historicismo es irracional, resaltando aspectos irracionales del hombre como la fe, pasiones, sentimientos, etc. La Ilustración tiene un carácter universalista, en general, no solo respecto a las leyes. Por ejemplo, la teoría del contrato social de Rousseau, no es una teoría para Francia sino una teoría concebida para todo el género humano; los derechos naturales no son solo para Europa; son, también, para todo el género humano. Así, la Ilustración siempre persiguió ideales universales, porque partía de abstracciones. En tanto que el romanticismo se podría decir que es mas bien particularista, le interesan los hechos particulares y no así, las abstracciones.

La Ilustración lucha contra la tradición, según el espíritu iluminista que es el espíritu moderno; todas las tradiciones hay que desecharlas. Los países modernos no tienen tradiciones. Cuanto más moderno es el país, menos tradiciones tiene; en tanto que las sociedades que están bien arraigadas en la tradición, responden a un modelo romanticista.

El romanticismo no solo no lucha contra la tradición sino que la reivindica, y de acá se desprende otra diferencia que es respecto a la visión del tiempo. El pasado, para el iluminismo, es negativo. Esto, porque se avergüenza del pasado que hay que superar. En particular, el pasado inmediato: la Edad Media que es la prehistoria del género humano. La Ilustración, en estos términos, es un proyecto para el futuro. La revolución francesa que era un producto del pensamiento ilustrado, llevó a la práctica estas teorías. Para el pensamiento de la revolución francesa, se tenía que borrar todo el pasado, y sentar las bases para una sociedad futura. Por tal motivo, Robespierre tenía su consigna: «del pasado haremos tabla rasa».

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Robespierre
El romanticismo y el historicismo a la luz del espíritu ilustrado / Aula Libre ORBIS-MLBA ©

En tanto que el romanticismo recupera el pasado incluso con cierta nostalgia, tiene una visión nostálgica del mismo: “todo tiempo pasado fue mejor”. Suspira por el pasado, piensa que en el pasado perdido, el hombre debería reencontrarse. No hay un proyecto para el futuro, el único proyecto es retornar al pasado. En términos concretos, el romanticismo desearía que se reconstituya la unidad de la cristiandad. Desearía, por ejemplo, que las cosas vuelvan a un punto como estaban en la Edad Media o en el antiguo régimen. Para el romanticismo, no hay nada más horroroso que la revolución francesa: entonces, hay una revalorización del pasado.

La Ilustración es individualista. Parte del hombre como un ser aislado. De hecho Rousseau, en el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, dice que el hombre es naturalmente un ser insociable, solitario, aislado. Hobbes pensaba algo similar. Entonces el Iluminismo es absolutamente individualista, es la visión del hombre en tanto individuo. La idea de las libertades y derechos individuales es consecuencia de esa visión, “tiene que prevalecer la individualidad del hombre”.

Mientras que en la visión romántica, el hombre es visto indisociablemente de una entidad colectiva. Es decir, al hombre solo se lo entiende si es parte de un colectivo. Ese colectivo puede llamarse pueblo, nación, clase social, partido, etnia, raza, pero la cuestión es que sea un colectivo y no un individuo.

Como se afirmó con anterioridad, la visión iluminista es una visión racionalista, porque todo parte de la razón. En tanto que la visión romántica, es una visión irracional, es decir se parte de entes irracionales. ¿Qué hay de irracional en el hombre? Por ejemplo, los sentimientos que no son gobernados por la razón. Pascal decía: «el corazón tiene razones que la razón no comprende». El hombre tiene de irracional también las pasiones, los sueños, las intuiciones, la fe, la creencia, la espontaneidad. Entonces, el romanticismo valoriza todo lo irracional en el hombre. Sin embargo la Ilustración quiere una vida, una sociedad, un derecho etc., construidos bajo un programa racional. Esta es otra gran diferencia.

La Ilustración propugna una religión basada en la razón. Es decir, aquello que se conoce como el deísmo. Una religión racional donde los seres sobrenaturales quedan afuera. No hay ni catolicismo, ni protestantismo ni nada; en otras palabras, la ilustración tiene un alto espíritu irreligioso que va desde el deísmo o el panteísmo hasta el ateísmo. El denominador común es tener a la religión apartada del hombre, ese es el pensamiento ilustrado.

El romanticismo (o historicismo que puede ser lo mismo) vuelve a plantear el tema religioso como algo fundamental en la sociedad. El romanticismo es un fenómeno esencialmente cristiano. Hay un sentido de nostalgia por la unidad de la cristiandad. La utopía del romanticismo es el mundo de la prerreforma protestante donde la sociedad era altamente religiosa.

En la Ilustración hay una visión cultural que se desprende de esta concepción universalista. Esta visión cultural etnocentrista, que esta un poco de moda, o eurocentrista. Es decir, la cultura que crean ellos es la correcta, y todos los pueblos están muy rezagados, por lo tanto tienen que ponerse al día. En tanto que el romanticismo valoriza la diversidad cultural, cada pueblo tiene su idiosincrasia, sus peculiaridades, y por ese hecho ninguno es superior el otro.

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Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano
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¿Cuál es la idea del hombre como ser histórico? La Ilustración toma al hombre como un ser abstracto y el romanticismo toma al hombre como un ser concreto determinado por los procesos históricos. La mejor expresión de esta idea es la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Tomar al hombre en su abstracción, eso es válido para todos los hombres, de todos los tiempos y de todos los lugares. Sin embargo para el romanticismo no es así; el hombre es un ser concreto, producto de procesos históricos concretos.

El iluminismo busca el progreso, al romanticismo no le interesa el progreso porque lo ve con desconfianza.

El romanticismo aspira a la vida extrema, es consecuencia del irracionalismo. Por otro lado, el ideal ilustrado es una vida equilibrada racional. Entonces los héroes románticos son los que lo dan todo por sus ideales. Incluso Jesús puede ser visto desde esa perspectiva, como un héroe romántico o al Quijote de la Mancha o Mío Cid, por ejemplo. Sin embargo, los ilustrados procuran una vida racional y equilibrada, nada de exceso, de extremos o de ideas locas.  Son dos visiones de la vida, de la sociedad y de la naturaleza totalmente opuestas.

Erika J. Rivera Vargas

Licenciada en Derecho y Licenciada en Filosofía (UMSA en ambas carreras). Diplomada en el Centro Psicopedagógico y de Investigación en Educación Superior (CEPIES). Diplomada en Planificación Estratégica para el Desarrollo del Estado (Universidad Loyola). Diplomada en Altos Estudios Nacionales (DAEN). Magister en Seguridad, Defensa y Desarrollo (Universidad Militar Bernardino Bilbao Rioja). Directora de la Editorial Rincón Ediciones. Ensayista y columnista, con más de ciento cincuenta publicaciones.