¿Chapado a la antigua? / Ilustración extraída de: Con efe de filosofía / Aula Libre ORBIS-MLBA ©

How deep is your love?
How deep is your love?
How deep is your love?
I really mean to learn
‘Cause we’re living in a world of fools
Breaking us down when they all should let us be
We belong to you and me

                                                                                  How deep is your love? Bee Gees

En cierto sentido, la seriedad en un amorío, o dicho en otras palabras, el enamoramiento verdadero en el sentido de la entrega total del yo para el otro está en decadencia. Nuestra sociedad necesita del dinamismo. Todo debe ser ya. En la adolescencia no podría afirmar bien cuando aparece la idea de quien más mujeres tiene en su lista de “conquistas”, es mejor. Hay una especie de mercantilización. Muchos hombres las tienen como conquistas pero no de un amor profundo y trascendente de un beso o una relación sexual sino de un objeto cosificado en el armario de triunfos.

Existe una especie de “deber ser no escrito” pero que todos lo conocen de tener que si o si reportar en las amistades y los demás círculos sociales el número de conquistas en X cantidad de tiempo. Es más, aquellos que quizás no poseen la facilidad, la destreza, la capacidad o el espíritu de “llevarse todo por delante” son vistos con una cara distinta.

Así, el sujeto que no puede relatar las grandes conquistas del día a día entra en un frenesí de desesperación y decepción. Se desespera por querer contar a sus amigos que “ha triunfado” a la vez se decepciona porque sabe que idealiza una imposibilidad. Su lógica de pensamiento no es la imperante. Es un tipo “chapado a la antigua” que considera que el amor no es un ejercicio sexual per se, sino que implica una actitud de sensibilidad y cariño hacia la persona que posee a su lado.

Quizás vivimos la crisis del romance. Ese que podemos ver de manera ejemplificada en los boleros que canta Luis Miguel. Quizás somos pocos los que creemos en frases como “no existe un momento en el día en que pueda alejarme de ti” o “No sé tú, pero yo te busco en cada amanecer”. En tiempos actuales no se premia la parsimonia y la calma del romance, sino la frenética excitación de la fiesta permanente y si es bajo sustancias mejor todavía según los “cracks” del día a día.

Ya no son quizás los tiempos de la carta sentimentalista de amor. Asimismo, ya están en extinción las demostraciones de amor que no sean mensajes superficiales en Instagram para que los demás “followers” observen la felicidad de la pareja perfecta. Fotos que muchas veces no muestran la realidad como tal sino la ficción para la complacencia de los demás.

Por ejemplo, las falsificaciones que muestran las películas del mainstream hollywoodense y derivados que presentan como “el estereotipado” termina triunfando y conquistando a lo “popular”. No seamos hipócritas. La realidad demuestra que no es así. El estereotipado como “feo”, “aburrido”, “chapado a la antigua”, etc., se autoconvence de las categorizaciones que los demás perjuran sobre él y se retrae en la soledad de sus lágrimas y sus malos pensamientos.

Según Erich Fromm:

Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar. De ahí que para ellos el problema sea cómo lograr que se los ame, cómo ser dignos de amor (…) Hay en la cultura contemporánea otro rasgo característico, estrechamente vinculado con ese factor.

De esa forma, Fromm prosigue:

Toda nuestra cultura está basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. La felicidad del hombre moderno consiste en la excitación de contemplar las vidrieras de los negocios, y en comprar todo lo que pueda, ya sea al contado o a plazos. El hombre (o la mujer) considera a la gente en una forma similar. Una mujer o un hombre atractivos son los premios que se quiere conseguir. «Atractivo» significa habitualmente un buen conjunto de cualidades que son populares y por las cuales hay demanda en el mercado de la personalidad”.

Erich Fromm, El arte de amar, 1956: 9
El arte de amar: Erich Fromm: Amazon.com.mx: Libros
Portada del libro El arte de amar de E. Fromm
Fuente de la imagen: Enlace
¿Chapado a la antigua? / Aula Libre ORBIS-MLBA ©

Las reflexiones del famoso pensador de la Escuela de Frankfurt no podrían definir la cuestión planteada de mejor manera. El amor, lejos de pensarse en la cotidianeidad actual en pos de amar, en pos de asumir lo mejor de uno para satisfacer el deseo de aquel a quien no sólo hemos depositado una atracción sexual sino un deseo de personalidad “sana”, deviene en un consumismo de placer.

¿Eso está mal? Claro que no. Quien escribe esto es pleno partidario de la libertad sexual y de los placeres. Lo que cuestiono, en consecuencia, es el abandono de la otra manera que deviene en arcaísmo. Mientras que amar por el mero hecho de amar y no pretender la mera estadística de los placeres obtenidos es tildada como actitud “conservadora” o como “aquello que hacían mis abuelos”. Se necesita cada día una confirmación de la capacidad de ser amado mediante la erosión de la construcción a largo plazo y el consumo de la finitud, de lo instantáneo, de lo consumible, de lo mercantilizable y utilizable.

El “chapado a la antigua” sufre por la no coordinación entre sus expectativas románticas y su realidad práctica. ¿Qué hace un romántico que busca el placer de pasar tiempo con el otro, en un mar de subjetividades que sólo desean el uso y el descarte? Entonces, ¿No es el retroceso a la absoluta barbarie asumir que “sólo la satisfacción sexual” es la práctica vital socialmente aceptada?

Es común escuchar que en los círculos juveniles se rechaza la idea “romántica del amor” para evitar “sufrir por amor”. En otras palabras, muchos se adaptan al consumismo del placer para evitar “poner fichas” y que luego fallé. La absurda generalización de hombres y mujeres que creen que todos siguen la lógica hegemónica. Así, el “chapado a la antigua” asume un “éxito” como una prueba de que está en buen camino para luego enterarse de que “ha sido uno más”. Su mente colapsa porque tiene un paradigma inconmensurable con el común de sus prójimos.

¿Cómo se sobrevive a esta situación? No existe una receta como los falsos consejos de autoayuda amorosa que venden pasos a seguir como si amar a alguien fuese lo mismo que cocinar una torta. Seguramente aquellos “chapados a la antigua” no tengan la mesa servida. Los románticos del pasado, son los rechazados del presente. ¿Eso significa resignación? ¿En la diversa humanidad no existen otros “como yo”? Probablemente los hayan y he conocido casos donde en la adversidad aparecieron relaciones inesperadas bajo los códigos del romance y no solo de la momentánea satisfacción del deseo.

Para ir finalizando repito algo que me parece clave para no generar mal comprensiones o malentendidos. ¿Es el amor moderno, en su faceta líquida y efímera algo negativo? No. No hay un cuestionamiento moral de fondo de la postura que pueda tomar cada uno. La típica chicana por ejemplo, de acusar de “viejo” a quien postular esto, no deja de ser una chicana para no centrarse en la argumentación. No es “todo tiempo pasado fue mejor” sino comprender que existen otras alternativas, que nada de malo tiene ser un romántico de los de antes. La crisis de muchos no es tanto por su cuestionamiento a las formas modernas sino por la imposición de su espacio de social de prácticas que no comparte.

No necesitamos de tanta exposición para el amor. A veces los gestos hablan más que las palabras. La calamidad es que en la actualidad, los gestos del romance son vistos como “chamuyo” o como “es sólo un like de IG, le está hablando a muchas otras personas”. La banalización completa del amar y ser amado es una cuestión poco observada. Como dije, es díficil explicar el arte de amar. Ya lo dijeron, por ejemplo, The Beatles en Something:

         “You’re asking me will my love grow. I don’t know, I don’t know”

Brian Frojmowicz

Estudiante de la carrera de Ciencia Política en la UCEMA. Fue miembro durante dos años y medio de Estudiantes por la Libertad ocupando el cargo de coordinador junior, coordinador senior y coordinador nacional del centro. Es miembro del Centro de Investigación de Israel y el Medio Oriente (CIMO). Es miembro voluntario en Juventud Unida. Ha dictado cursos en diversas materias como ser: fascismos, sistemas de gobierno y otras áreas de la filosofía política. Es ponente en diversos tópicos.