¿Por qué no hay candidatos presidenciales indígenas competitivos en Bolivia? / Aula Libre ORBIS-MLBA ©

Texto Original en Inglés: Devin Beaulieu.
Traducción: Vattier de Rideaux.


Quince años después de iniciada la “descolonización estatal en Bolivia”; la lucha por la autodeterminación indígena se ha subordinado a los intereses de los partidos políticos. Las organizaciones indígenas ahora intentan lograr una representación directa.

En 2005, Bolivia pareció superar un hito histórico, eligiendo a un indígena autoidentificado como presidente de un país con mayoría indígena. Éste país estuvo dominado durante siglos por políticos de la élite minoritaria blanca. Ahora, 15 años después, ninguno de los principales partidos que compiten en las próximas elecciones el 18 de octubre presenta un candidato presidencial indígena, incluido el propio partido político de Evo Morales.

¿Qué pasó?

La elección inicial de Evo Morales acompañó una ola de representación indígena en la política boliviana a través del partido “Movimiento al Socialismo” (MAS). Se redactó una nueva Constitución de un Estado Plurinacional y se aprobó una ley por los Derechos de la Madre Tierra. Así, Evo Morales se convirtió en una celebridad internacional y un símbolo global de empoderamiento para los pueblos indígenas de todo el mundo.

La caída del poder de Evo Morales, en noviembre de 2019 fue un shock. Fue reemplazado por la oscura política blanca, Jeanine Añez. Ella, ascendió como presidenta interina luego de protestas y revelaciones de fraude contra Morales en su reelección de octubre para un cuarto mandato inconstitucional. Morales y sus partidarios afirman que fueron víctimas de un “golpe militar“. Los enfrentamientos entre los partidarios de Morales y el ejército después de su renuncia terminaron en la muerte de al menos 19 personas; sobre todo en El Alto y Cochabamba.

Los dramáticos eventos de 2019 llevarían a la opinión pública a creer (comprensiblemente) que la caída de Evo Morales está detrás del desempoderamiento de los pueblos indígenas en Bolivia. Pero, en verdad, los Pueblos Indígenas de Bolivia fueron enajenados del poder mucho antes, durante la presidencia de Evo Morales. La representación de los pueblos indígenas estaba subordinada a los intereses de los partidos políticos. Así, las organizaciones indígenas de hoy luchan por superar la subordinación política.

Del empoderamiento indígena al peonaje político

En 2006, Evo Morales prometió, durante su toma de posesión presidencial, “gobernar obedeciendo” a los movimientos sociales que lo llevaron al poder. Sin embargo, cuando se tuvieron que tomar difíciles decisiones que oscilaban entre defender los derechos indígenas y expandir la economía a través del extractivismo de recursos primarios (gas natural, minería y agroindustria), decidió sacrificar el territorio indígena en un trato fáustico.

En 2011, Morales rompió con el movimiento indígena. De esta manera, ordenó la brutal represión policial de una marcha indígena pannacional. La misma exigía la Consulta Previa para el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS). Siguió a esto, la persecución política de los líderes indígenas; mientras que la policía invadió organizaciones indígenas en 2012 y 2013 para instalar líderes títeres dispuestos a aprobar proyectos de desarrollo dirigidos por el Estado. Las organizaciones indígenas estaban divididas y subordinadas. Son descritas por la antropóloga brasileña Renata Albuquerque como “indígenas permitidos” sancionados por el Estado.

Según el sociólogo aymara Jesús Humerez Oscori, el gobierno de Evo Morales pasó por un proceso dejailonización“. Ocultos detrás de la imagen de un presidente indígena, los profesionales blancos ascendieron a través de la burocracia del partido y del Estado. Así, llegaron a ocupar puestos de poder, subordinando a los miembros indígenas. Este proceso fue especialmente visible con mujeres jóvenes de familias establecidas y bien conectadas. Por ejemplo, la senadora estrella del MAS de 31 años, Adriana Salvatierra, cuyo padre es un exministro investigado por malversación de fondos del Estado.

La impostura “jailonizada” del gobierno también acompañó al creciente autoritarismo. En los años siguientes, el deslizamiento autoritario del partido MAS llegó a ser abiertamente orwelliano. La etiqueta de “libre pensante” se convirtió en un insulto para difamar a los miembros del partido. Aquellos que disentían de la línea oficial del partido de arriba hacia abajo. En 2011, Morales aprobó una ambigua Ley de Terrorismo con la intención de perseguir a sus oponentes; y esta ley, ahora está siendo utilizada en su contra por el gobierno interino.

Nada resume mejor la estructura de jerarquizada del MAS que la selección de Luis Arce como candidato presidencial del partido en 2020. David Choquehuanca, indígena aymara y excanciller, fue inicialmente elegido candidato presidencial por el congreso de sindicatos y movimientos sociales campesinos del partido MAS. Sin embargo, desde el exilio en Buenos Aires, Argentina; Evo Morales, y su círculo íntimo, anularon la decisión e impusieron a Luis Arce, un profesional blanco y exministro de Economía, para liderar la boleta. Choquehuanca fue degradado a candidato a vicepresidente.

Luis Arce es un tecnócrata. Cuenta con una larga trayectoria como economista que se remonta al Banco Central de Bolivia durante los ajustes estructurales de los años ochenta. Su campaña promete traer de vuelta la “estabilidad económica” de la década anterior. Sin embargo, ésta se basó en el auge de los precios de las materias primas, ahora agotado. El cofundador del partido MAS convertido en disidente, Román Loayza, describió a Arce como un burócrata neoliberal.

Choquehuanca, un defensor de la cosmovisión indígena, contrasta fuertemente con Arce en la campaña electoral. Mientras Arce exhorta al enfrentamiento con los “golpistas”, Choquehuanca hace un llamado al diálogo y la reconciliación. Choquehuanca se involucra abiertamente en la autocrítica política y partidaria. Por ejemplo, al afirmar que la insistencia en la reelección de Morales contra los resultados del referéndum constitucional de 2016 fue un error. También, se pueden mencionar la inferencia a que Morales debería enfrentar una investigación por acusaciones de estupro.

Nuevas alianzas políticas

La resistencia a la subordinación de los pueblos indígenas hacia el MAS y al gobierno de Evo Morales llevó a la creación de nuevas alianzas opositoras hacia la defensa de la autodeterminación y el territorio indígena; desde la organización con feministas radicales hasta políticos de derecha. A diferencia del 2005, el MAS ya no tiene un monopolio efectivo sobre la representación de los candidatos indígenas.

La alianza política del candidato presidencial centrista Carlos Mesa ha cosechado el apoyo de activistas indígenas desilusionados con las destructivas políticas ambientales de Evo Morales. La plataforma del partido “Comunidad Ciudadana” (CC) de Mesa promete diversificar la economía del país y dejar de depender del extractivismo de recursos. Sin embargo, Mesa también ha manifestado su apoyo al “modelo de desarrollo de Santa Cruz”. Un modelo basado en la agricultura industrial y acusado de los destructivos incendios forestales en la Chiquitanía como en la Amazonía.

La campaña senatorial de la activista indígena Cecilia Moyoviri con el partido CC, muestra la aparente ironía inherente al reciente realineamiento político de los pueblos indígenas y no indígenas en Bolivia. Moyoviri, una mujer mojeña, busca representar al departamento amazónico de Beni. Junto a ella, está un movimiento político nacido de la oposición de clase media no indígena hacia Evo Morales. Por otro lado, su oponente “izquierdista” del MAS, Suka Nacif Barboza, es miembro de una familia ganadera de élite que tiene vínculos con el narcotráfico.

En las boletas de los partidos ideológicos de derecha a izquierda, están presentes rostros de candidatos indígenas. Sin embargo, se encuentran en el segundo nivel como candidatos a vicepresidentes. Los rostros de todos los principales candidatos presidenciales son de los sectores empresarial y profesional blanco. Existe la pequeña excepción del candidato Feliciano Mamani, del partido PANBOL, que tiene un apoyo electoral diminuto. Las cambiantes alianzas ideológicas no han liberado a los pueblos indígenas de las maquinaciones de la élite.

Ningún partido político ha demostrado un apoyo mayoritario indiscutido de los votantes en las encuestas preelectorales. Encuestas recientes indican una profunda desconfianza popular hacia los políticos de todos los colores en la Bolivia posterior a Evo. El legendario activista aymara Felipe Quispe, quizás resume mejor la apatía política generalizada con su contundente afirmación. Un candidato presidencial digno necesita ser un salvaje, “Otro salvaje para el salvaje“.

Las encuestas muestran consistentemente alrededor del 20-25 por ciento de las preferencias de los votantes como nulas, sin efecto o indecisas.

Movimiento de Representación Indígena Directa

Tras la desilusión con los partidos políticos, ha surgido un movimiento indígena para abandonarlos por completo como intermediarios de la representación democrática. Muchos pueblos indígenas ahora buscan lograr una representación directa de sus comunidades en el gobierno mediante candidatos indígenas directos.

Ya no vamos a aceptar ninguna invitación de ningún partido político, porque no vamos a seguir aceptando cargos del cuarto o quinto lugar”. Éstas fueron las declaraciones de Marisol Solano, una líder guaraní. Las vertió durante un reciente evento organizado por la ONG pro-indígena CIPCA. Afirmó que la representación directa de los pueblos indígenas en la legislatura es “un sueño para nosotros”.

Por primera vez en la historia de Bolivia, las organizaciones indígenas competirán directamente con sus propios candidatos en las próximas elecciones nacionales. Seis organizaciones indígenas, con representantes de nueve naciones indígenas, competirán por siete distritos electorales indígenas especiales en la Asamblea Legislativa Plurinacional. En la década anterior, el MAS monopolizó los distritos electorales especiales e impidió que las organizaciones indígenas presentaran directamente representantes al Congreso.

Lograr una representación directa por medio de sus candidatos indígenas está lejos de ser una realidad. Las organizaciones indígenas todavía tienen que competir, con muchos menos recursos, en elecciones abiertas contra partidos políticos por los escaños indígenas designados. Aún quedan importantes limitaciones. Según el politólogo Edgar F. Izurieta, las prácticas culturales de la “democracia comunitaria” indígena no se traducen fácilmente en las tradiciones liberales de la democracia representativa. Está claro que 11 años después de la aprobación de la Constitución, el Estado Plurinacional todavía está en construcción.

La política indígena en Bolivia sufrió mucho bajo el culto a la personalidad que rodeaba a Evo Morales como el primer “presidente indígena” del país. Según el teórico indigenista Carlos Macusaya, la “instrumentalización política” del racismo contribuyó a la folclorización de los pueblos indígenas en lugar de buscar su empoderamiento.

Es preocupante que la política indígena-simbólica de Morales se haya convertido en un modelo para otros gobiernos de izquierda en América Latina. Como por ejemplo, el de López Obrador en México.

La experiencia reciente de Bolivia es una demostración más de que la autodeterminación indígena no se logra a través de la celebridad política. Sino, más bien, se debe desarrollar a través del trabajo dedicado de organización comunitaria. El respeto por el pluralismo político es un prerrequisito necesario para cultivar el respeto por la autodeterminación indígena. Esto último, incluye la diversidad de visiones indígenas del “vivir bien”. Ojalá que, en un futuro próximo, el enfoque central de la representación indígena pueda pasar de una cuestión de teatro político a exigir la aplicación plena e igualitaria de los derechos a través de candidatos indígenas directos.

Devin Beaulieu

Antropólogo. Candidato a Doctorado en la Universidad de California, San Diego. Sus investigaciones en Bolivia se han enfocado sobre los derechos indígenas en la Asamblea Constituyente, el conflicto del TIPNIS y la justicia indígena.